Después de un silencioso camino llegaban al fin a su destino. Héctor pagó el viaje y ambos se bajaron del taxi. Caminaron una cuadra y dieron con el lugar para arrendar el vehículo que necesitaban. Estaban esperando la luz para cruzar, de pronto Héctor sintió una suave mano que tomó la suya. El mayor lo quedó mirando algo sorprendido. —Dijiste que no me separara de ti, pero desde la mañana que prefieres evitarme— le dijo Bruno sin mirarlo. ¿Por qué le estaba reprochando lo que él mismo encontraba innecesario en un principio?—. Vamos. La luz cambió y atravesaron a la calle de al frente. Entraron a la consecionaria. Tardaron algunos minutos hasta que obtuvieron el arriendo de un auto que no llamara la atención por lujos, pidieron uno simple para poder moverse. También dieron la dirección d

