Las clases finalmente terminaban, Orión salía del salón junto a su amigo Dilan. El pelirrojo le iba hablando del siguiente trabajo que tenían que hacer, además de unos informes. Decidieron comenzar al día siguiente, pues esa tarde el castaño recibiría a sus suegros. —¿Estás bien?— le preguntó Dilan recordando que esa tarde le llevaban las buenas nuevas. —No sé que responderte exactamente. Me siento confundido y cansado y apenas llegué a Nueva York— le dijo Orión—. Ni siquiera sé como criar un niño, es un chiste. El pelirrojo pasó su brazo alrededor del cuello de su amigo, quería consolarlo de alguna manera y que no viera todo tan perdido. —Escucha, primero deja todo en manos de Dios para que ordene tu vida. Segundo, no hay manual para ser padres, pero sí puedes tener una ayuda extra de

