capítulo 22

1418 Palabras

—¿Dónde has metido los malditos helados, Lucila? —masculló Paula mientras rebuscaba en la nevera. Desafortunadamente, su hermana no estaba presente en el apartamento para oírla maldecir su nombre. De repente se abrió la puerta. Se irguió, tensa. Quizá sus maldiciones la habían convocado mentalmente. Pero en cuanto se hubo girado, la cuchara se le cayó al suelo. —Pedro… —tuvo la sensación de que iba a desmayarse. Hacía cerca de un mes que no lo veía. Se llevó una mano al estómago. Estaba ya de cinco meses y su embarazo era más que evidente—. ¿Qué estás haciendo aquí? Vio que bajaba la mirada a la mano que tenía sobre el vientre con expresión extraña. —Tu cuerpo ha cambiado. —Estoy embarazada —le recordó—. Y las cosas me van muy bien, por cierto. —¿De veras? —Sí. —Me alegro. Es un

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