Angus y Margaret Houston estaban repletos de visitantes a cada momento desde que llegaron a su casa con su pequeño Hamish. Tíos, primos y abuelos, además de docenas de amigos y vecinos, los visitaban constantemente y a su recién nacido en su hogar, no muy lejos del castillo real en Balmoral. Allí en las tierras altas de Escocia, el pequeño Houston tendría un comienzo perfecto, rodeado de una familia amorosa; con los beneficios del aire fresco, de un escenario magnifico y una educación de primera clase. En las islas británicas era bien sabido que el sistema educativo escocés era muy superior a los que operaban en Inglaterra, Gales, o Irlanda del norte. En aquellos primeros días, Angus Houston le contaba, a cualquiera que lo escuchara, que su hijo seguiría sin duda en el negocio familiar. A

