La boda no fue para nada lo que Margherita esperaba. Creyó que Renaud querría algo más grande para el día en que sellara su amor con su esposa Marlette, pero en realidad, la lista de invitados fue mínima. Sólo hubo unos cuantos amigos cercanos y familia; el evento fue en una pequeña iglesia en las afueras del pueblo, cerca de donde vivían los padres de Marlette. Dumas se comportó como la amiga y colega perfecta ese día, pero justo antes de que la pareja se retirara de la recepción para ir a un pequeño hotel y comenzar su viaje al aeropuerto para tomar su vuelo hacia su luna de miel, llevó al novio hacia una esquina. —Alexander, no quiero arruinarte el día, pero tengo que hablar contigo. — ¿Qué pasa Margherita? ¿No puedes esperar hasta que regrese de mi luna de miel? —Lo siento mi amigo

