ARIANA Todo el camino al trabajo hoy, lucho con la idea de si debería pedirle un favor a Adrián. Me siento mal solo de pensarlo, y no estoy segura de que me guste ninguno de los resultados que he considerado una y otra vez en mi mente. ¿Y si dice que no? Me sentiré humillada, sobre todo por lo que él debe pensar de mí si se niega. Pero, ¿y si dice que sí? ¿Y si lo usa en mi contra? Esa opción tampoco me gusta. Sin embargo, tampoco puedo imaginarme el resultado si no se lo pido en absoluto. No está en la oficina cuando llego. Me envía un mensaje mientras me preparo para trabajar, diciendo que llegará tarde hoy porque tiene una reunión. Me retuerzo, me inquieto, me convenzo de pedírselo y luego me retracto durante dos horas hasta que entra por la puerta. Se ve guapo y fresco, como si

