Maya —Buenos días —me despertó Liam con un beso y una sonrisa. —¿Dormiste bien anoche? Estirando el cuello y los hombros, asentí felizmente y dije: —Mejor de lo que he dormido en años. ¿Y tú? No acaparé todas las mantas, ¿verdad? —Lo hiciste, pero no me importó —bromeó Liam. Le lancé mi almohada en fingida molestia. La atrapó fácilmente con una mano y me la devolvió. La cogí, la metí debajo de mí y me recosté con un suspiro cómodo. —Vuelve a la cama. Es sábado —dije con un ronroneo seductor. —¿No estás olvidando algo? —Liam arqueó su ceja izquierda hacia mí, y de repente me senté erguida en la cama. —¡El Club de Exploradores! —El Club de Exploradores —asintió Liam con aire de suficiencia. —¿Dónde está mi ropa? ¿Dónde están mis botas? ¡No puedo dejar que los niños me vean así! ¡Nece

