El mismo día Miami Fernando En medio de mi rabia por cada palabra que me repitió Teresa metí el acelerador en mi auto, llegando a la bodega que uso para reunirme con Eduardo Santana, aunque en este instante sostengo un arma mientras tiro del gatillo varias veces afinando mi puntería como forma de desahogo, hasta que soy sacado de mi labor cuando colocan una mano en mi arma, deteniéndome para ver quién lo hace. –¡Fernando! ¿Puedes dejar de destrozar ese viejo auto? Yo tengo una mejor idea para que elimines esa rabia. –¡Leandro! Déjame en paz, mejor ocúpate de las cosas que te encargué, quiero de una vez por todas sacar de mi camino a Alejandro Montes, porque no voy a permitir que ese hijo de puta se quede con mi esposa. –Fernando tengo la llave para hundir a Montes en la cárcel de po

