Camila Permanezco en la misma posición, observándolo impasible, aunque la colcha se mueve y flota un segundo sobre su cuerpo para caer nuevamente, sólo le tapa las piernas ahora, se pone de espaldas y las piernas dobladas, sus pies chocan con la pared, sé que está despierto, pero algo me impide reaccionar. Como en cámara lenta sus manos suben hasta llegar a su frente presionándola con fuerza, lo mismo hace con sus ojos y las sienes; debe estar muy adolorido. Sus ojos se abren, asustados, recién nota que algo no va bien, primero frunce la nariz, el olor de la sopa seguramente, también pica mi nariz; sus pestañas bajan, claro, la colcha y entonces me ve, casi nace una sonrisa en sus labios pálidos, pero la contiene. —¿Estoy en problemas? —no puede hablar más fuerte y se cubre los ojos con

