Camila Se escuchó el timbre y la primera ronda de personajes ingresó a la sala que, sin muebles, era mucho más amplia de lo que creía, todo adornado, hasta el jardín con telas de araña artificiales, calabazas, esqueletos, en una mesa llena de potecitos de gelatina y una gran caldera de la que podías sacar una especie de ponche con diminutas arañitas comestibles. El mesón que separaba la cocina de la sala tenía todos los bocadillos que compraron para la ocasión, dulces y salados, estaban deliciosos. —¡Cami! —apenas tuve segundo de reaccionar ante el abrazo de la chica —¿Te acuerdas? Celine. —Sí, hola ¿Cómo estás? —una vez terminó de asfixiarme, pude observar su atuendo, apenas un sujetador y hotpants, ambos en color n***o, a juego con los altos tacones de tiritas, el cintillo de diabla e

