Roce

1304 Palabras
Mafia 2 Capítulo 1 Moscú Rusia Lylah Hoy no es un buen día, me levanté tarde, el metro estaba lleno, voy 20 minutos tarde al trabajo, dónde soy mesera en el ZERO, un restaurante de ricos, espero pacientemente a que el semáforo cambie a verde, cuando pasa, sigo a la multitud, mi trabajo me espera a dos cuadras. De pronto un pitido sobre salta a la multitud, un R8 n***o frena a centímetros de mis piernas, mi reacción istantantanea es golpear su capo. – ¡¿Qué te pasa imbécil?! – pateo su defensa sin importarme qué se raye. No veo su rostro ya que son vidrios polarizados. “Malditos ricachones” todos son iguales, apresuró el paso refugiandome en mi abrigo, gorro y guantes de lana n***o, es lo malo de Rusia, el invierno nunca acaba, como la nieve, suspiro cuando entro ala calidez del restaurante. Paso por la puertas de servicios y camino hasta un pasillo largo, me quito mi ropa de invierno y me pongo mi camisa negra, con mandil del mismo color, una corbata roja, ato mi cabello n***o en una coleta alta y me pongo mi placa de bronce de mesera, con mi nombre Lylah Darwin. El Bronce me identifica como la mejor, pasó mi tarjeta al reloj digital. – Por fin llegas, supongo que te atacaste con el metro – se acerca Nadia, mi capitán de meseros. – Así es, es un asco, también mi alarma sonó tarde y no alcance el metro. – Debemos darnos prisa, hoy tenemos a los invitados de los dueños. La alta alcurnia, necesito a mi mejor mesera. – Esa es Richie – rio ante su entusiasmo. Mientras entramos a la cocina y tomo mi comanda. – Richie no es tan paciente como tú, cuando ese alguien se pasa, la última vez escupió en un filete. – Con tu ayuda – tomó mi bandeja. Al ser sábado tenemos la casa llena, somos seis meseros en total, yo ya llevo un año aquí, ya que el Zero cuenta con dos pisos, aquí viene gente famosa, políticos, ricos acaudalados entre otros. Tenemos que lidiar con gente difícil, las propinas son ofrecidas como si fuéramos mercancías, pero yo me limito a hacer mi trabajo y no aceptarlas. El restaurante cobra un 7% para nosotros. Sobre todo con las botellas más caras. Veo la pizarra en la barra, donde están los números de las mesas y mi nombre en ellas. Paso mesa por mesa, llenando copas y tomando pedidos nuevos. Me alejo cuando intentan tocarme o les saco la vuelta, evito las conversaciones sobre mi persona, obscenidades o intentar ligues, sobre todo los hijos de esos millonarios y ricos, algunos aprendieron que no era buena idea acosarme, seguirme, el último que lo intento, le di un susto de muerte cuando me metí en un callejón, lo acorrale contra la pared y le amenace sus partes más preciadas, intentaron atacarme entre varios, me defendí y pase un día en la cárcel. Donde las prostitutas ya me conocían, me la pase enseñándoles defensa básica, estos idiotas ofrecen dinero y lo habitual. Ignoro todo hasta las miradas lascivas o furiosas de sus acompañantes. Incluso cuando intentan tirarme algo encima, me muevo rápido. Se me va medio día trabajando, solo un breve momento para comer. – Te necesitan en la zona Vip – llega Nadia. – Es la zona de Richie. – Lose, pero ahora está lidiando con los malone, te necesito, ella compartirá sus propinas, de esos ricachones viejos. Hasta que llegue Sandi. – De acuerdo – me dirijo a las escaleras de madera, subiendo al siguiente piso, donde el piano se escucha música relajante, aburrida para mi, llego a la zona y tomo la nueva comanda, manteles negros y blancos, asientos rojos de piel, rosas rojas en los centros de mesa, copas de cristal, cubiertos de plata fina, hay varios comensales, llegan unos nuevos, tres hombres y tres mujeres a la mesa del fondo. Hombres de cabello oscuro, dos mujeres rubias y una japonesa de cabello blanco . Me acerco. – Buenas tardes, mi nombre es Lylah Darwin. Estaré atendiendo su mesa. Cinco pares de ojos me miran menos uno. El más joven me observa y algo oscuro me lanza un señal de alarma, su mirada no concuerda con el brillo travieso que me dedica. Hay algo oculto. El mayor me mira sin expresión alguna, controlo mi reacción. Les sonrió. – j***r – dice el más joven, me mira de arriba a bajo. Es la mirada más lasciva que me han dedicado, ni siquiera disimula, siento un terror en lo profundo de mi y quiero salir corriendo, No se que es, pero esa mirada es la primera vez que me incómoda, hay algo inquietante en él. – ¿Están listos para ordenar? – controlo mi tono de voz. – Yo quiero un risott del 95 – dice el mayor cuando le tiendo el menú, lo mira brevemente y me lo regresa. – Nosotras queremos una botella de sirasch frío – dice una rubia vestida de rojo. – Yo quiero las zetas, mis hermanas raviolis – dice la rubia de vestido plateado. El más joven sigue observandome con demasiado interés, me está poniendo nerviosa, voy ofrecerles la especialidad de la casa, cuando el hombre más adulto apesar de verse joven, se ve más mayor qué la edad que aparenta. – Deja de comerte a la chica, madre vendrá a cerrarte la boca. Ordena. Ya. El hombre joven que me miraba palidece, deja de observarme, se cruza de brazos. Cómo si contuviera un impulso. – Queremos un risott; agua miel y una disculpa por el imbécil de mi hermano, no te sientas incómoda. Si mi madre lo viera, lo mata – dice el otro, que permaneció callado hasta ahora, le da un codazo y este cambia su actitud a culpable – Danos las entradas de la casa, el aperitivo. Por favor. – Lo lamento. No pretendía incomodarte. – Muchas gracias señores, señoritas, enseguida les traeré su orden. Doy media vuelta y llego a la barra donde dejó la comanda de bebidas. Ingresó a la cocina y dejó su pedido, regresó a la barra donde ya está mi pedido. Una vez junto a ellos y con una sola mano manejo el tripie y voy a colocar la bandeja con bebidas. Antes de que pueda tomar la primera botella, el más joven de traje gris se levanta y me ayuda. – ¿Ahora le aras de mesero? – se burla la rubia de vestido plateado, mientras el descorcha el sirasch y yo sirvo a sus hermanos. – Akira, bien puedes ayudar, hermana. – La verdad estoy fascinada viéndote de mozo. Hermano – dice ofreciéndole la copa y una sonrisa burlona. Que se digan hermanos, me desconcierta, pues no se parecen en nada. Término de servir a las mujeres, pongo las entradas que son gratis y él me ayuda, trabajamos juntos en silencio. Cuando voy a recoger las copas vacías y llevárselas, su mano se une a la mía, provocando que una fuerte corriente que me invade de pies a cabeza hasta el vientre. Cuando su tacto desaparece y la sensación se perpetua. – Gracias señor. – Rowynn Ivankov. Ellos son mis hermanos. Akira, Caiafa, Ezra, Brynhild y Abner. Controlo mi expresión, no puedo creer que este ante los hijos de Ivankov, el hombre que salvó Kal. – Un placer señor. – me giro hacia sus hermanos – Estaré en la barra si me necesitan. Enseguida vendrá Archie, mi relevo. – ¿No vas a atendernos? – parece frustrado – Oye, si es por mi actitud, lo siento, yo a veces no pienso. – Descuide señor Ivankov, este no es mi piso, estoy cubriendo a mi compañero. No se porque me estoy explicando, pero algo me dice que si le miento él lo sabrá.
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