- Al menos, recibiré mi castigo con dignidad. – Eria Bianchi susurro para si misma, era la ultima vez que escucharía su propia voz después de todo. Un suspiro escapo de los labios delgados de aquella fémina de cabello grisáceo, la mujer podía ser capaz de escuchar los latidos desenfrenados de su propio corazón, entre tanto, obedeció la orden para segundos después divisar como aquel filo bajaba a una gran velocidad hasta su lengua arrancándola de su cuerpo, la sangre se derramo sobre el mármol de color blanco mientras que sus gritos desgarradores envolvieron el ambiente. La joven Emperatriz parecía no inmutarse ante las acciones que acaban de hacer, con tranquilidad entrego la espada ensangrentada a aquel muchacho de mirada grisácea, quien la miraba embelesado por la combinación entre su b

