Capítulo 032

1877 Palabras
- Sentía odio a mí mismo. – Las palabras del albino ocasionaron que los ojos de la Emperatriz estuvieran sobre él, los hombros de Alexander se encontraban bajos e incluso el joven bajo la mirada a sus manos mientras jugaba con sus dedos. – Me odiaba porque era diferente a los demás niños de la clase alta, buscaba alejarme de todos porque me sentía una basura. Los niños e incluso sus padres me observaban con temor o con asco e incluso me decían que era un monstruo. - Una risa amargar escapo de sus labios. - Los niños fae e incluso los padres de ambas especies me decían lo mismo. La Emperatriz también se detestaba a si misma. Los ojos negros de la mujer se encontraron con la mirada bicolor cuando el albino subió la mirada , en el ojo verde así como marrón se encontraba una pizca de incomodidad por recordar esa época. - Mi madre, era la princesa de las hadas. – El mestizo saco de su pantalón tres anillos elaborados de hojas de los árboles, era capaz de sentir la mirada de la joven de cabello rizado sobre sus hombros mientras se los colocaba en sus dedos pulgar, índice y corazón. – Me enseño que mediante el amor debía de aceptar mi naturaleza así como mi destino porque son cosas que no puedo cambiar… La corona del Imperio de Impure causo desgracias en su vida desde los ocho años, era una carga que nunca pidió causando que su única opción era hacerle frente ignorando sus propios sentimientos para salir victoriosa. - Pero si hay algo que puedo modificar. – Alexander le dedico una sonrisa tranquila mientras se acercaba a ella, su mano derecha acaricio la mejilla derecha de Ortswan con ternura. – Es la cantidad de poder que tiene la situación sobre mí y a que persona le entrego mi confianza para pasar por ese proceso de aceptación. La confianza en otra persona. Ortswam no recordaba la última vez que entrego su total confianza a otra persona e incluso creía que aunque quisiera hacerlo le seria imposible. - La confianza es asquerosa. – Declaro de manera tajante causando que el joven de cabello blanco se sorprendiera, Alexander se preguntaba que la había vuelto tan desconfiada. - ¿Por qué debería mostrarme vulnerable ante otra persona? ¡Esa persona lo puede usar para acabar conmigo! Confiar en alguien consiste en tener la creencia o seguridad que esa persona es integra, honesta y de buenas intenciones. La confianza era depender de alguien en momentos de necesidad. - Su Majestad. Lefevré coloco sus dos manos sobre las mejillas de la fémina, sus respiraciones se mezclaron mientras el más alto juntaba sus frentes con cariño. - Puede ser vulnerable delante de mí. – Le aseguro antes de depositar un beso sobre la frente de la Emperatriz. – Le prometo por mi propia vida que puede ser vulnerable delante de mí, me encargaré de sostenerla y protegerla cuando sienta que el mundo esta desmoronándose delante de usted. Ella se atrevió a decirle sus preocupaciones sin saber el verdadero motivo. - El retorno de mi sobrino me inquieta. – La mujer sujeto con torpeza la mano de Alexander, la piel contraria era cálida. – El hecho que Rhory omitiera esa información, la información sobre su acompañante es un comportamiento inusual, me preocupa un poco que algunos nobles llenaran su cabeza de ideas absurdas. - ¿Cómo arrebatarle la corona? – Ella asintió con la cabeza mientras mordía su labio inferior. – El príncipe Rhory sería incapaz de levantar la espada en contra de usted, lo criaste y ese niño te admira con locura. - Asesine a sus padres para vengarme de la familia que fue arrebatada. – La cabeza de Olivia empezaba a doler, su respiración era más pesada que antes debido a la sensación de angustia que empezaba a aparecer. – Aunque en su momento bloquee los recuerdos de ese día… ¿Qué me asegura que no regreso su memoria? ¿Quién no quería acabar con el monstruo que mato a sus padres e incluso tiene la corona que por derecho le pertenecer? - Ernesto merecía morir. Las palabras de Lefevré eran acompañadas de un profundo desprecio, el perdió a su familia por los prejuicios del antiguo Emperador cuando apenas tenía catorce años de edad. Ernesto Ortswan había ordenado la muerte de Belmont Lefevré junto a su esposa por la naturaleza de la misma. El hombre de cabello blanco coloco su mano derecha sobre el estomago de la joven de cabello rizado porque parecía que la ansiedad estaba causando sufrimiento en la joven. - Olivia. – Ortswam escuchaba la voz de Alexander extremadamente lejos de su cuerpo aunque el mestizo estaba en frente de su persona, una sensación de nauseas golpeó su cuerpo. – Respirar de manera profunda repetidas veces, intenta mover mi mano. Era un ejercicio para evitar que la ansiedad atacara su mente por completo, la joven de cabello rizado empezó a respirar de profundamente repetidas veces hasta que logro sentir la intranquilidad que empezaba alejarse de su ser. El ojo verde junto al marrón del mestizo reflejaban ternura, el hombre tenía una sonrisa gentil en sus labios antes de abrazarla permitiendo que la Emperatriz colocara su cabeza sobre su pecho. - Su Majestad. – Alexander susurro en el odio de la joven mientras acariciaba su espalda. – El futuro es incierto, considero que no debería preocuparse demasiado. – En ese momento la mujer levanto su rostro encontrándose con una mirada bicolor que desbordaba compasión. – Los humanos la mayor parte del tiempo sufren más en su imaginación que en la vida real, es probable que la mayoría de sus preocupaciones no ocurran. - ¿Y qué pasa si son una profecía autocumplida? – Ortswam interrogo. La Emperatriz del Reino de Impure tenia razón la mayoría de las veces, por eso se encontraba extremadamente preocupada por el cambio de comportamiento del príncipe heredero. Lefevré acerco su mano para acariciar la mejilla contraria, en silencio se iba acercando a los labios gruesos de la fémina. - Las cosas no suceden del mismo modo dos veces. – Susurro con voz gruesa sobre sus labios. – Aunque tuviste que enfrentar cosas dolorosas sin compañía la mayor parte de tú vida, puedo garantizarte que será diferente esta vez. - ¿Por qué? - Porque me tienes a mí. – Sus palabras estaban repletas de seguridad. – No esta sola esta vez, le prometo por mi vida que nunca la abandonare. El joven era sincero, estaba dispuesto a acompañarla a lo largo de su vida hasta que su tiempo en el mundo terrenal culminara. Alexander rompió la distancia que lo separaban de los labios contrarios, sin esperar, sus labios se posaron sobre los contrarios en un beso tierno por su falta de experiencia mientras sus manos se posaban sobre la pequeña cintura contraria. Biblioteca Imperial. Cavendeshi se encontraba delante de la barrera mágica creada por el Alquimista Imperial, sus ojos avellana admiraban al pequeño objeto en su interior que parecía moverse descontroladamente por todas partes. El joven acerco su mano izquierda a la parte baja de su abdomen recordando la sensación de ser lastimado por un arma que era incapaz de ver, en ese momento creía que iba a morir, se sintió indefenso. Unos pasos cercanos causaron que alejara su mano, sus ojos observaban detrás de su hombro como precaución mientras su cuerpo se tensaba. - Es una buena barrera ¿No te parece? – La voz severa de Sirius causo que su cuerpo se relajara, Paolo asintió con su cabeza regresando su vista a la pared de mana de color morado. El hombre de largos cabellos azabache camino hasta colocarse a su lado derecho mientras Adonis se colocaba del lado izquierdo. – El “Castigo de la Oscuridad” no podrá pasar la barrera. - ¿Cómo estas tan seguro? – Andrade cuestiono en voz alta. En ese momento, la barrera fue golpeada por una de las dagas espirituales. Los dos concubinos de la Emperatriz dieron un paso atrás por seguridad pero la barrera de color morado permaneció intacta causando que Dostoyevski tuviera una sonrisa orgullosa sobre sus labios delgados mientras giraba sobre sus talones encontrándose con la mirada gris asi como la avellana sobre su cuerpo. - Porque soy el Alquimista más talentoso después del Dios San Shin-Yue.- En su voz era notorio el orgullo mientras señalaba con su pulgar detrás de su persona enseñando como la barrera retenía cada uno de los ataques. - ¿Qué otra prueba necesitan? -Presumido. – El líder de la Guardia Imperial rodo sus ojos antes de colocar un mano sobre su cintura. - ¿Cuál es el plan? - ¿Plan? El Alquimista junto al Vizconde cuestionaron al unísono. Cavendeshi giro su cabeza a la izquierda para poder ver mejor a su compañero, el joven de ojos grises cruzo sus brazos sobre sus pecho ante la atenta mirada de los presentes. - Somos los Concubinos Imperiales de la Emperatriz, nuestro trabajo es cuidarla, ayudarla y amarla. – Andrade le recordó al hombre de sangre noble antes de observar al Sirius quien tenía una ceja levantaba y sus ojos violetas resplandecían en curiosidad. – El Alquimista trabaja por la prosperidad de la familia Imperial, también es el líder espiritual de nuestro Imperio así que el asunto de las artes negras le incumbe. - Eres más que solo músculos, me alegra que sepas usar el cerebro. – Paolo comento burlón causando que el hombre de cabello rizado lo observara enfadado. - Eres insoportable. – Andrade se apresuro a comentar mientras la sombra de una sonrisa se instalo en sus labios. – Te acercaste a la Emperatriz en tu territorio, pero aun no has tenido tu primera noche con ella… ¿Acaso será porque eres incompetente en la cama? El rostro de Paolo empezó a enrojecer por el enojo así como la vergüenza porque en las reglas del Harem Imperial se contemplaba que el Emperador o Emperatriz debían de pasar la primera noche con el nuevo integrante dentro de las primeras dos semanas después de su ingreso. El hombre de ojos avellana tenía un mes en el Palacio de Jade, durante ese tiempo no había experimento su primer encuentro s****l con la Emperatriz, además de eso nunca antes había estado con una mujer en ese sentido. El rostro del Vizconde se sonrojo por la vergüenza, el líder de la Guardia Imperial continuo con sus burlas mientras la mente de Paolo se encontraba meditando sobre su situación actual en el Harem. El joven era el segundo concubino de la Emperatriz, no obstante, la jerarquía podía cambiar dependiendo de la afinidad que tenía con la mujer de ojos negros. En el Palacio de Jade la persona que tenía mayor relación con Ortswan era Adonis Andrade que podía dormir en la habitación principal con Olivia, la pareja solía caminar juntos todas las mañanas por el Jardín Imperial, cuando los ojos avellanas del hombre observaban esas acciones por alguna razón una fuerte sensación de enojo y envidia lo invadían. - ¿Estaré sintiendo celos…? – Esa pregunta se instaló en su mente. – Cuando veo a Alexander sujetar la mano de la Emperatriz sin temor también experimento la misma sensación.
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