Olivia
No puedo creer que estas dos semanas se hayan pasado tan rápido. Es mi último día en Italia, en la pequeña isla de Silia y planeo pasarla muy bien antes de despertar mañana temprano y tomar el próximo vuelo a Miami.
No me malentiendan quiero volver a casa, extraño mucho a mis hermanos pero por alguna razón siento que en este hermoso lugar he encontrado una paz interior que antes no tenía.
— ¿Qué quieres hacer hoy?—me pregunta mi abuela entusiasmada ayer en la cena les dije a mis abuelos que quería que este último día fuera legendario y que lo recordara.
Estuve pesando todo la noche que podría hacer. Quiero superar mis límites y recordar este día como el mejor, pero he hecho muchas cosas en esta pequeña isla he recorrido cada centímetro, he disfrutado de las playas, me he quedado maravillada con las vistas del atardecer en el viñedo, he escalado montañas y he ido a museos y todos los restaurantes que he podido.
Incluso fui a mi primer bar aquí, por supuesto sin que mis abuelos se enteraran.
¿Qué más podría hacer?
Pensé en algo que nunca había hecho antes. Una cosa que estoy completamente segura que nunca podría hacer en casa no con los chicos vigilando todos mis pasos pero sería algo que siempre recordaría, una manera de ver la isla desde todos los ángulos posibles. Pensé primero en un viaje en helicóptero pero de inmediato lo descarte y pensé en otra cosa, una idea que no ha abandonado mi mente.
—Quiero hacer paracaidismo—mi abuela me mira sorprendida y mi abuelo parece atragantarse con su comida cuando termino de decir lo último.
Sonrió un poco por sus reacciones sabía que sería así. Mis abuelos son aventureros, sino saben algo trabajan para saberlo sin importarles lo que las personas digan sobre su edad. Pero sé que hay límites y estoy segura que ellos nunca han hecho algo como lo que yo quiero hacer.
—Eso es peligroso—dice mi abuela un poco preocupada incluso aparta su plato mostrando que ya no tiene hambre.
—No es peligroso—trato de calmar a mi abuela—He averiguado mucho sobre tema incluso ya hable con un encargado del lujar donde iré, es seguro—
Mi abuelo sonríe y toma la mano de mi abuela.
—Vamos a dejarla, caro sabe lo que está haciendo—por la sonrisa nerviosa de mi abuela sé que acepto.
Pero igual si no hubiera aceptado. . . igual lo habría hecho.
Este es un sueño que he tendió durante muchos años. Siempre me he detenido y he pensado en lo que los demás quieren de mí, sé que es por mi bien pero muchas veces no puedo hacer algo que amo y eso me destruye.
Quiero cumplir mis sueños y vivir mi vida a mi manera, demostrándoles a todos que puedo lograrlo. Siento que todavía me ven como una niña pequeña y no como una joven de dieciocho años lista para comerse el mundo.
Mis abuelos me entiende y buscan hacer lo mejor para mí y me dan un poco más de libertad pero Tony y Shane son todo lo contrario siento que me sobreprotegen demasiado, es un poco sofocante. Kane nunca fue así siempre me apoyo y me animo hacer lo que quería.
No voy a mentir cuando mi abuelo me dejo en el establecimiento donde me tiraría en paracaídas me puse nerviosa, pero también me emocione por más raro que suene eso.
Varios instructores me explican todo el procedimiento y lo que tengo que hacer. Sonrió cuando después de colocar mi equipo subimos a la pequeña avioneta que nos elevara por los aires, la adrenalina comienza a fluir por mi cuerpo y comienzo a emocionarme cada vez más por mi pequeña aventura. Comienzo a descubrir una nueva faceta de mí, me encanta la adrenalina siempre he sido muy extrovertida, pero este tiempo en Italia he descubierto que me gustan las aventuras que muchas personas no disfrutarían por miedo, como escalar una montaña muy alta o practicar buceo con tiburones.
Pero esas son cosas que disfruto hacer y nunca dejare que el miedo me domine y me impida alcanzar mis sueños.
La avioneta comienza a elevarse, me preparo con mis instructores que me explican brevemente otras cosas en casos de emergencia. Cuando ya estamos a la altura requerida mi instructora me mira.
— ¿Lista?— pregunta con una sonrisa.
Y no dudo cuando respondo.
—Si—
Camino hacia la puerta abierta y me lanzo mis instructores me siguen de cerca. La sensación de estar en el aire y sentir que vuelas es maravillosa, además tener la oportunidad de ver la isla de Sicilia de otra manera es invaluable, los libros, la televisión no le hacen justicia a su belleza. Es simplemente… surreal.
Estoy segura que esto es algo que siempre guardare en mi memoria y estoy segura que esta será la primera de mis muchas aventuras.
Seguimos cayendo hasta que llega el momento de abrir el paracaídas, en ese momento disfruto de la calma de ver la maravillosa vista que está a mi alrededor hasta que aterrizo de nalgas en el pasto del lugar donde caemos.
Veo la camioneta de mi abuelo dirigiéndose al lugar. Mi abuela sale dispara de la camioneta y me dan un fuerte abrazo, mi abuelo se me nos une al poco tiempo.
—El susto que me has dado, cara sentí que se me paraba el corazón— sonrió por lo que dice mi abuela.
—Quiero volver a hacerlo—digo haciendo que mis abuelos me miren sorprendidos—Pero en otro momento—
—Por ahora no pensemos en eso—dice mi abuelo—Mejor vamos a la casa tu abuela preparo las galletas que tanto te gustan—
Shane
—Podemos ir a un lugar más privado, amor—dice la chica que está en mis piernas pero solo niego con la cabeza enojado, ni siquiera entiendo porque se sentó en mi regazo ¿acaso mi silencio no fue suficiente respuesta de que no quería a nadie cerca?
—No estoy interesado—digo levantándome de mi asiento, salgo de la zona vip del club y voy directamente a la barra para pedir otra bebida.
Esto ha sido mí día a día desde que me entere de la muerte de Kane, me siento mal, tengo un dolor muy profundo que solo se alivia cuando me dejo llevar por el alcohol. He descubierto que mientras más bebo más olvido las cosas, pero eso me ha traído problemas como dejar a un lado mi lugar en la empresa y solo enfocarme en mi nuevo vicio.
—Porque rechazaste a esa rubia del vestido rojo está caliente y se veía muy dispuesta a complacerte esta noche—me dice el barman mientras prepara mi bebida, analizo su pregunta si es cierto que la chica era hermosa pero su toque no tuvo ningún efecto en mí.
—Solo quiero a una chica conmigo, una hermosa pelirroja—me sorprendo de decir a aquellas palabras sobre todo a un extraño pero es obvio que el alcohol ya está haciendo efecto en mi cuerpo.
— ¿Y porque no estas con ella?—me pregunto el barman, parece ser un hombre de treinta años que esta acostumbrado a escuchar los problemas de las personas que buscan consuelo en la bebida.
—Es muy complicado, jamás podremos estar juntos—dije.
—A veces las cosas no son tan complicadas sino que somos nosotros mismos quienes las complicamos—me quedo pensando en lo que dijo, pero luego veo una figura muy conocida pararse frente a mí.
—Sabía que estarías aquí—dice Tony como un padre que regaña a su hijo—No puedo creer que otra vez estés bebiendo—
—Porque no te tomas un trago conmigo—dije olvidado porque estaba tan molesto.
—No gracias—me quita el trago que tengo en la mano y ve al barman—Dame la cuenta—
Tony se asegura de pagar y luego me lleva a rastras hacia su coche. En este punto de mi borrachera ni siquiera puedo caminar sin que alguien me sostenga ya que me caería, pero también tengo ganas de desahogarme con alguien.
—Todo fue mi culpa. Kane se fue por mi culpa y lo peor es que yo lo incite a irse—Tony no dice nada así que continuo—Yo fui el culpable de que muriera en esa maldita guerra—
—Tú no tienes la culpa de nada. Kane tomo la decisión de irse—dice Tony mientras me ayudaba a subir al coche—
—Pero yo debí haber hecho algo o por lo menos detenerlo—algunas lágrimas salen de mis ojos es una sensación extraña ya que no recuerdo la última vez que llore por algo— Era mi hermano después de todo y ahora ya no está, nunca podre pedirle perdón—
—No podemos regresar el tiempo atrás y sin embargo si lo hiciéramos el resultado sería igual. Kane era muy terco se hubiera ido de todos modos—Dice Tony intentando tranquilizarme.
Pero no me tranquiliza sé que por más que lo intente nunca podre dejar de sentir la culpa que alberga en mi corazón. No merezco nada de lo que tengo por alguna razón las personas que quiero me dejan, así que es mejor que yo los deje a ellos. Por ejemplo mi madre biológica, ella fue la primera en dejarme. Recuerdo esa fría noche, estaba enfermo pero en vez de tener los cuidados de una buena madre la mía decidió que era el momento justo para empacar sus cosas he irse.
Nunca más volví a confiar en nadie y sé que ese día algo se rompió en mí. Por más que lo intente nunca podré olvidar ese día. Es un suceso que deja marcado a cualquier niño.
Mi estómago se empieza a retorcerse y tengo algunas nauseas.
— ¿Estas bien? te ves un poco pálido—pregunta Tony mirándome fijamente.
—Tengo ganas de vomitar—digo y la noticia no parece caerle bien a mi hermano.
—Oh no, ayer mande a limpiar este coche—Tony se estaciona y me ayuda a salir del coche para vomitar en la calle oscura—Espero que con esto dejes de estar tomando tanto alcohol—
Claro lo dejare por un tiempo… pero estoy seguro que pronto regresare a lo mismo.
—Olivia llegara mañana no puedes estar así cuando llegue—mi corazón se detiene con la mención de la chica con la que tengo una extraña relación.
Pobre, cuando regrese vera que las cosas han cambiado mucho y no para bien precisamente. Vera a dos hombres destruidos y rotos por completos y sabrá la triste razón.
Y sé que al final la noticia la destruirá.