Mantengo la postura correcta en la silla que ocupo, espalda erguida, columna apoyada firmemente en el respaldo y manos reposando sobre el pupitre, es mi primer día de clase en la Universidad de St. Andrews, ubicada en Escocia, es la más prestigiosa de toda escocia y la tercera más importante en Reino Unido.
Luego de formalizar mi compromiso con Cristian Müller, los camarógrafos publicaron las fotos oficiales, dándole paso a una ola de reporteros interesados en nuestra relación, toda mi vida he estado expuesta ante los medios, todo Reino Unido me conoce, Cristian por igual, el que ahora nuestro compromiso sea real, nos pone ante el foco de críticas tanto positivas como negativas, pero el consejo se encarga de que las cosas marchen sobre su propio ritmo.
Para poder gobernar a la altura de la burocracia me estoy capacitando, en tres carreras, las cuales son: ciencias políticas, economía y relaciones internacionales, son carreras que van muy de la mano con dirigir una nación, por eso mi madre junto al consejo me impusieron estudiar las tres al mismo tiempo, de solo pensarlo me resulta agotador, pero debo poner todo mi esfuerzo y empeño por ser calificada con las mejores calificaciones y así graduarme con mención honorifica en todas.
Soy la primera en llegar junto a mis dos escoltas y Elsa, la mucama que me acompañara a todas las clases y según mi madre debo estar monitoreada todo el tiempo y cumplir con mis obligaciones y por esa razón no me puedo despegar de las tres personas que me acompañan, es mi seguridad, así estableció la Duquesa de Fife.
Estoy algo nerviosa, nunca antes había compartido con personas de otro estatus social, como ya había mencionado antes, no asistí a una escuela, mis tutorías fueron en casa, por lo que me emociona poder vivir esta nueva experiencia.
La silla que ocupo esta adelante, al lado derecho tengo a Elsa y en la puerta de la entrada del aula, están los escoltas vigilantes y con caras de no transmitir alguna emoción.
La puerta de entrada se abre y yo automáticamente me volteo a mirar, por ella entran varios jóvenes con libros y mochilas sobre sus hombros, al parecer serán mis compañeros de clase, una sonrisa nerviosa se instala en mis labios, poco a poco las sillas que anteriormente estaban desocupadas ahora están ocupadas por los individuos que entran al salón de clase.
Mis horarios de clase están divididos para las tres carreras, la administración de la universidad, consideró las asignaturas básicas de las tres carreras, que son similares para no repetirlas.
El maestro de la primera hora llega, e inicia con una dinámica para que nos conozcamos todos, la dinámica consiste en ponerse de pie junto a su pupitre, decir su nombre, expectativas de la asignatura y que estudia.
De forma ordenada y por columnas cada uno se pone de pie y dice lo que se a pedido anteriormente, son muchos los que estudian carreras similares a las mías y eso me indica que no será la última vez que los vuelva a ver por lo que espero que podamos convertirnos en compañeros.
Al llegar mi turno me pongo de pie para hablar, aliso mi camisa y sonrío juntando mis manos, pero cuando quiero hablar Elsa, toma la delantera y me presenta como lo que soy.
– La señorita Amelia Madelinne Rousse Wilson Craig, heredera al trono de Fife y Kent, futura esposa de Cristian Muller, lleva a cabo tres importantes carreras para sostener su imperio, Economía, Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, en esta asignatura de literatura inglesa tiene el objetivo de aprender los conocimientos necesarios y aprovechar los recursos disponibles- concluye diciendo y en el aula todos se quedan en silencio, el maestro me mira y frunce el ceño.
– ¿A caso la señorita Wilson es muda?- pregunta y Elsa responde.
– No lo es señor More.
– Entonces ¿por qué responde usted?
– Soy su representante- dice Elsa segura.
– Esta es mi clase, aquí todo mis estudiantes deben tener la capacidad de hacer por sí mismos, por lo que le voy a pedir señorita doble voz, que deje a la señorita Wilson expresarse- habla el maestro con autoridad, sentándose al borde de la mesa, es un hombre no mayor a los 40 años de edad, Elsa me mira – que pasara cuando inicie a dirigir dos naciones señorita Wilson, enviara a sus dirigentes a hablarle al pueblo por usted, creo que debe replantearse la idea de lo que quiere hacer realmente con su vida- Elsa quiere alegar pero él se lo impide – cuando se sienta preparada señorita Wilson puede continuar con la dinámica, mientras tanto continúe la siguiente persona.
Y fue ese día que algo dentro de mí encendió una llama en mi interior, sabía que el protocolo que debía llevar Elsa lo estaba asumiendo, pero yo si quería decir quién soy, quería hablar con mis propias palabras sobre mis expectativas y lo emocionada que me sentía por socializar con personas de diferentes partes del mundo.
La primera asignatura del día había concluido y mi presentación, expuesta por mí nunca llego, temí que por mi desobediencia Elsa fuera reprendida, a pesar de que tenía las palabras atoradas en mi garganta, no emití ningún sonido, hasta que concluyo la asignatura.
Aun durante la noche meditaba en las palabras dichas por el maestro, una idea me había surgido para exponerla ante mi madre, quería hacerle saber la importancia de yo tener más participación de las cosas que debo hacer, tome lápiz y papel y en la soledad de mis aposentos escribí mis peticiones para no olvidar nada.
A la mañana siguiente ya lista y vestida, a espera de que inicie mi jornada de clases, salgo de mi habitación y procuro la presencia de mi madre a la mayordoma, esta me informa que la Duquesa está en el jardín tomando su despacho, recibiendo algunas llamadas, miro mi reloj de mano y falta una hora para irme.
Con papel en mano me planto frente la puerta del despacho, me llevo un mechón de cabello detrás de mi oreja, le pido amablemente al escolta que le indique a la Duquesa que necesito una audiencia con ella.
El escolta entra y yo me quedo fuera esperando la autorización, doy vueltas en círculos, caminando de un lado a otro ansiosa debido a la espera, vuelvo a ver mi reloj, ya ha pasado más de media hora y el escolta un no vuelve con una respuesta.
– ¿Señorita Wilson?- me llama Elsa – debemos marcharnos a su clase- me indica.
– Tendré una audiencia con la duquesa, no es muy extensa- le digo y ella saca de su bolso la agenda de mi vida.
– No leo que hoy a esta hora tenga alguna audiencia con la Duquesa- me dice.
– Es una audiencia improvisada- le digo.
Ella frunce los labios – No creo que la Duquesa tenga tiempo para improvisaciones Señorita- me dice.
– Solo serán un par de minutos- le digo justamente cuando se abre la puerta del despacho y de ella sale el escolta.
– La Duquesa no pueda recibirla, tiene muchos pendientes, dice que se comunique con su asistente y agende una cita.
Mi rostro no disimula lo avergonzada, dolida y decepcionada que me siento, mi pecho se comprime y aprieto mis dientes reteniendo el llanto que quiere escapar.
No es la primera vez ni será la última que no puedo hablar con mi propia madre a solas, como madre e hija, son muchas las decepciones que me he llevado de su parte, se supone que no solo es la Duquesa de Fife, es mi madre y la necesito, pero al parecer, ella siempre tiene otras prioridades y yo no estoy en su agenda.
– Podrías entregarle esto, por favor, dile que es muy importante que lo vea, agendare la cita, gracias- con un inmenso dolor en mi alma, le extiendo la hoja y el escolta la recibe.
Las horas en la universidad de pasan lentas y en cierto modo eso me agrada, tengo más tiempo para estar fuera de casa, aunque extrañe a mis flores.
A penas es mi segundo día y ya tengo un sinfín de consignas por resolver, exposiciones que hacer y libros por leer, el proceso activo de la universidad, no impide que vista formal, los tacones de aguija me lastiman los pies de tanto caminar de un lado a otro, pero no debo quejarme del dolor.
Elsa y los escoltas no se me despegan, mi presencia no pasa desapercibida ante los estudiantes que temen acercarse a mí, solo me miran y hablan entre ellos, no sé qué murmuran pero han de tener una idea errónea sobre mí.
Al volver al palacio, la masajista ya me espera, recibo el mejor masaje relajante muscular de mi vida, me urgía uno, tengo los hombros y cuellos tensos y la cabeza me palpita.
Al terminar mi cuerpo se siente más relajado, Elsa limpia mi cuerpo y me viste para cenar con la Duquesa.
Durante estaba en la universidad pensé en que sería bueno hablar con mi madre durante la cena, sé que no le gusta hablar asuntos de negocios mientras come, pero solo espero que haga una excepción solo por esta noche.
Ocupo mi lugar en el gran comedor rectangular y espero a que la Duquesa aparezca, los sirvientes ponen la mesa, y esperan la autorización.
– ¿Señorita Wilson?- llama mi atención la mayordoma – la Duquesa le extiende excusas por no cenar esta noche con usted, se le presentaron asunto que requieren su atención- concluye y mis ojos se llenan de lágrimas.
– Entiendo, cenare en mis aposentos- le digo mientras intento ponerme de pie.
– Lo siento Señorita, pero la Duquesa estipulo que debía cenar en el gran comedor.
Asiento y espero a que traigan la cena, me sirven y como pequeñas porciones, el apetito se ha ido, a pesar de que la casa tiene más de veinte empleados, me siento sola más que una heredera parezco una prisionera.
Solo en la privacidad de mi habitación y con las luces apagadas me doy la oportunidad de llorar en silencio, talvez en la mañana tenga los ojos hinchados, pero lo justificare con alguna alergia como siempre lo hago, cada vez que lloro.
A horas extensas de la madrugada el sonidos de las llantas de un auto me despiertan, salgo de la cama y con cautela observo por la ventana, del auto sale el presidente del consejo, cuando el chofer abre la puerta para él, pero mi sorpresa aumenta al ver que mi madre sale junto a él.
Desde mi ubicación no puedo escuchar lo que hablan pero el, la toma de la mano y posa la otra detrás de su cintura, pero que hacen juntos a estas horas, vuelvo a la cama curiosa.
No sé en qué momento me quede dormida, pero el sonido característico de un corte, llama mi atención, estiro mi cuerpo y paso por delante del espejo, tengo ojeras y como era de esperarse los ojos hinchados.
– Tiene alergias otra vez Señorita- la voz de Louis me sobre salta.
– Si, creo que el cambio de clima- me excuso.
– Pediré que le suban los medicamentos para su alergia Señorita- me indica y yo le agradezco, sale de la habitación dejándome sola.
Voy hasta la ventana para abrir un poco las cortinas y mi respiración se vuelve dificultosa cuando veo lo que los jardineros están haciendo, agarro la primera bata que encuentro y salgo disparada para el jardín trasero.
Los nervios me toman y las lágrimas no dejan de salir cuando veo mis flores, cortadas rumbo a la basura.
– ¿Pero qué están haciendo?- les grito enojada – son mis flores, no pueden cortarlas- les reclamo.
Luka el jefe de los jardineros me mira – Lo siento señorita, fueron ordenes de la Duquesa- cargada de furia, tomo mis flores, las que compre con tanto cariño, y las llevo a mi pecho, algunas espinas me maltratan la piel, pero no le doy importancia la dolor de las espinas, tengo una daga del tamaño de una gran lanza incrustada en mi corazón.
Con lágrimas de dolor y mis flores en mi pecho, llego hasta la habitación privada de mi madre, los escoltas se sorprenden al verme.
– Abran la puerta ahora- les exijo.
Intentan alegar pero no los dejo y hago un escándalo que interrumpe el cálido sueño de la Duquesa, que sale el pijama de seda color azul cielo.
– ¿Que es ese escándalo?- grita molesta y yo la miro con rabia, no tenía por qué hacerme esto, sabe cuan emocionada estaba por mis flores.
– ¿Por qué, mandaste a cortarlas? Sabes lo importantes que son para mí.
Se cruza de brazos, toma su postura con altura y me lanza una mirada despectiva – ¿estás haciendo un escándalo por una flores?- indaga.
– Yo misma las plante y las cuido – le digo.
– Pero no combinan con mi jardín, no me gustaba como se veían y decidí que lo mejor sería cortarlas- dice como si nada.
– Ni siquiera me avisaste- me reclamo.
– Soy la dueña de este lugar, tomo las decisiones que mejor me parezcan sin consultar a nadie, y mucho menos a ti Amelia- siento que estoy explotando – que son esas nuevas reglas que quieres establecer- me pregunta – fuiste la primera vez a la universidad y ya te crees con derecho de imponer tonterías- me reprende – todas las decisiones que tomo es por tu bien Amelia, en vez de estar con niñerías ponte a estudiar- luce más molesta de lo normal.
– En la universidad el maestro me pidió que….- no me deja continuar.
– Es una persona democrática, cree que todos tenemos los mismos derechos y no es así, estoy gestionando que sea expulsado de la universidad por anillarte como lo hizo- me dice.
– El no hizo nada malo- le digo nerviosa.
– Ponerte ideas absurdas en la cabeza y humillarte, eso no es nada según tu- me escanea con la mirada – perderá su empleo, no se diga más, ahora ve a prepararte para ir a la universidad- intenta volver a su alcoba, mi conciencia me reprime el que vayan a expulsar a un buen maestro, solo por mí.
– Duquesa, por favor, no lo haga- le pido – el maestro necesita conocer mejor la cultura nuestra, sabe enseñar- le imploro.
– Luka, lleva a la señorita Wilson a sus aposentos y que no me interrumpa más, haciendo que pierda mi tiempo.
– Po favor- le digo entre lágrimas – no volverá a pasar.
– Lo hago por tu bien Amelia, ahora vete.
Luka me ofrece la mano y yo con pies descalzos, camino por el pasillo hasta mi habitación en donde me esperan para arreglarme.
Esta vez no puedo fingir que estoy bien, no tengo mis flores y por mi culpa despedirán a un excelente maestro, hoy es mi tercer día de universidad y siento que todo es un calvario.