Amelia
La opresión que siento en mi pecho, no me deja respirar, mi corazón late con fuerza y siento que mi tráquea se contrae al sentir un fuerte calor en mi ser, las manos me sudan, al igual que la frente, en mi corazón hay mucha angustia y el miedo que circula por mis venas trastorna mis pensamientos, cierro los ojos con fuerza y me aferro aún más al cuello del hombre que me sostiene entre sus brazos, trato de estar calmada, para no levantar sospechas y que se haga un escándalo.
Abordamos el ascensor – ¿Cuál es el número de su habitación? – me pregunta amable el señor Katunaric.
– Trecientos doce – me digo con mi rostro aun escondido en su cuello, desde mi posición puedo inhalar su aroma varonil, el marca el tercer piso en el tablero del aparato metálico e instantes después este asciende provocando que mi mareo aumente, hace algunos meses que no ocupaba un ascensor.
Al llegar al tercer nivel, las puertas se abren, en el pasillo mi escolta, Elsa y Louis al verme se acercan apresurados – señorita Wilson, ¿está usted bien? – preguntan las dos mujeres al detallarme.
Mi escolta Mateo, saca el arma y le apunta al señor Katunric, este intenta hablar, pero se lo impido apresurándome a contestar, no quiero que nadie se alarme, por eso les digo:
– Solo me siento un poco mareada, el señor Katunaric me encontró y decidió traerme, baja el arma, el solo me está ayudando – explico mientras Louis arruga el entre cejo mirándome con detenimiento y Mateo obedece colocando su arma en su espalda.
– ¿El señor Katunaric? – dice extrañada
– Si, lo encontré cuando baje al lobby a buscarlos – les digo mientras Elsa aun atónita abre la puerta de mi habitación.
– Como se le ocurre andar por ahí sola señorita Wilson, es una persona importante, cuando la Duquesa se entere – habla Elsa.
– Que pasara cuando la Duquesa se entere, de que me dejaron sin protección por un largo tiempo y salí a buscarlos – le amenazo mientras entramos a la privacidad de mi habitación, esa no fue la razón por la que decidí salir de la habitación del hotel, cuando me vi sola, aproveche la oportunidad para deambular con libertad por las instalaciones del complejo, cuando llegamos al Londres y nos instalamos en nuestras respectivas habitaciones, las cuales son cuatro y están en el mismo piso que la mía, cada uno se encerró en la suya, dormí por más de una hora y al despertar busque a los que me acompañan, pero no los encontré, llame a las puertas de sus habitaciones, pero nadie respondió, por tal razón me vi en la libertad de caminar y despejar mi mente un poco.
– Creí que estaba dormida y que no despertaría en toda la noche, por eso baje a hacer algunas cosas que necesitaba – se defiende Elsa.
– Y yo acompañe a Elsa para que no anduviera sola por ahí – dice de manera sospechosa.
El señor Katunaric se mantiene en silencio, solo coloca con delicadeza mi cuerpo sobre el cómodo colchón, me mira a los ojos y no puedo evitar notar dudas en su ojos, debe creer que tanto yo como mis sirvientes somos unos descuidados, el miedo de echar a perder este negocio me inundan repentinamente, la Duquesa fue muy clara al decir que es un trato muy importante del que debo hacerme cargo y lograr que todo salga con éxito, las escenas anteriores dejan mucho que decir sobre la representación de Fife.
– ¿En verdad es usted el señor Katunaric? – Pregunta Louis, tratando de cambiar el tema, desviando la conversación a otro tema – es decir, es muy curioso que nos conozcamos un día ante del encuentro, ¿no le parece?
El señor Katunaric se pone nos mira todos y extiende la mano a cada uno – es curioso, pero así es, soy Nikolas Katunaric, presidente y fabricante de cristales del infinito – dice tranquilo – espero que ya se sienta mejor señorita Wilson – me dice y asiento con la cabeza.
– Si, muchas gracias por traerme – le digo con gratitud, de yo no recibir sus atenciones, tal vez ahora estaría provocando un escándalo, los síntomas que me abordaron en el salón de eventos, han disminuido, el zumbido en mi oído, ha desaparecido.
– No tiene que agradecer, además según usted, solo fue un leve mareo, producto del viaje – me dice mientras achica los ojos en mi dirección.
Me muerdo el labio inferior, no fue un leve mareo – de todo modos gracias y disculpe los inconvenientes causados.
– Descansen – nos dice mientras se despide, saliendo de la habitación.
Louis me mira y entre cierra los ojos – Elsa y Mateo ¿Pueden dejarme a solas con la señorita Wilson, por favor? – dice Louis mientras se cruza de brazos.
– Debo ocuparme de la señorita – dice Elsa.
– No te preocupes por eso, yo me ocupo, ahora mí me permiten – les habla Louis con rectitud.
Elsa y Mateo obedecen y salen, dándonos la privacidad que Louis necesita para soltar las siguientes preguntas que me hace:
– ¿Qué fue lo que realmente paso, Amelia? – me dice mientras busca el botiquín de primeros auxilios, quiere que le diga lo que realmente paso, en serio quiere que le responda esa pregunta, pero ni yo misma se lo que me paso.
Toma el estetoscopio se lo coloca en los oídos – libera los primeros botones de tu blusa – me pide y hago lo que me indica, ella lleva la obra parte del aparato, a mi pecho, mientras cuenta el tiempo con su reloj de mano – los latidos de tu corazón están muy acelerados, desde que llegaste tú respiración es irregular – con la yema de dos de sus dedos, toma mi muñeca izquierda y revisa mi pulso – tu pulso también esta acelerado – toca mi frente mientras m coloca el termómetro debajo del brazo – al parecer no tienes fiebre, ahora responde, a mi pregunta.
Noto instantáneamente, que no se está refiriendo a mí como usted, y en su pregunta anterior me llamo Amelia y no señorita.
– Ya les dije, solo fue un mareo y nada más – responde evitando su mirada.
– No debes mentirme, si te sientes mal o estas indispuesta, debes decirme, tanto Elsa, Mateo y yo, somos los responsables por ti, si la Duquesa s llega a enterar que algo te sucede y no le informamos nada, puede tomar represalias en contra nuestra y con justa razón.
– No te miento Louis, solo fue un mareo insignificante – le informo.
Ella guarda los utensilios luego de tomarme la presión y ver que está estable - ¿sabes cuál es mi carrera de vocación? – me pregunta.
– Eres estilista – le digo con seguridad y ella niega con la cabeza.
– Soy Psicóloga Clínica Amelia – me dice sorprendiéndome.
–No tenía idea – le digo sorprendida, ella es la mejor estilista que he conocido, a trabajado para mi familia durante mucho tiempo, al conocer que su carrera es otra muy diferente, me pregunto mentalmente, en que tiempo ejerce su profesión, ya que tiene que organizar y diseñar diariamente lo que debo vestir.
– Sé que no eres alérgica al detergente, que cuando amaneces con los ojos hinchados es por causa de las lágrimas que derramas todas las noches – me dice mientras me toma de las manos – sé que te has encerrado en ti misma y veo que te estas marchitando poco a poco Amelia, aunque no lo creas me preocupo por ti, te conozco desde siempre y te considero como una amiga, a pesar de que delante de los demás te llame señorita Wilson y te trate de forma distante, quiero que sepas que aquí tienes un hombro para llorar, que no puedo solucionar tu situación, pero tu si – sus palabras que han quitado la capacidad de expresarme verbalmente.
Ella me abraza y yo me quedo quieta, con mis manos abajo, no sé qué pensar sobre lo que me acaba de decir, nunca he hablado con nadie sobre cómo me siento, tenía entendido que actuaba muy bien frente a los demás, ya que nadie se dignaba a preguntarme, como en verdad me sentía, el nudo que siento en mi pecho se extiende y quiero abrir mi boca, pero el miedo me corroe, y si es una trampa de la Duquesa, y si solo Louis esta fingiendo para que le cuente todo y luego confesarle todo a mi madre.
Con la mente llena de dudas y miedos, cierro la brecha que iniciaba a abrirse, limpio las lágrimas que se asoman en mis ojos – creo que te estas tomando atribuciones que no te corresponde, cuidar de lo que visto y uso es tu trabajo, el medico alergista es el que indica a cuales cosas les tengo alergia – le digo de forma fría, la veo tensarse – si con decirme que tu verdadera profesión es la psicología, y quieres trabajar de tu profesión, concertare una cita con la Duquesa para decirle que prescinda de tus servicios como modista – me duele hablarle así, pero no se sus verdaderas intenciones.
– Creo que me has mal interpretado Amelia – intenta defenderse
– Señorita Wilson – le digo con altura – así es como debes referirte a mi persona.
– Perdón por lo de antes, señorita Wilson, solo trataba de mostrarle mi amistad – habla calmada – no pretendo dejar de trabajar con usted.
– No es necesario una amistad entre nosotras, ya tenemos una relación señorita y modista, nuestro vinculo no pasara de eso.
Creo que el error que cometieron, me ha dado el poder de infundirles temor a que hable con la Duquesa, en cierto sentido esa situación me permite sentir un poco mejor, a pesar que sea costa del miedo de ellos.
Ella se pone de pie y alisa la blusa de su conjunto – si vuelve a sentir algún mareo, por favor avíseme, y sinceras disculpas por mi atrevimiento mi Lady, el vestuario de mañana ya está listo, no le informare a la Duquesa sobre el insignificante mareo, espero que usted entienda las razones de no encontrarnos en nuestros respectivos dormitorios cuando nos fue a buscar – me dice de forma seria.
– Por eso ultimo no tienen que preocuparse, no le informare a la Duquesa –
– Gracias por su benevolencia señorita Wilson, ¿desea colocarse su pijama ahora?
– Si no es mucha molestia.
Louis obedece sin protestar, me viste con ropa de pijama, y coloca la ropa que traía antes en las bolsas para llevar a la lavandería del hotel.
Al estar a solas en la habitación, me permito respirar camino en círculos por la habitación con desesperación, hoy fue un día muy difícil, le di la peor de las impresiones al empresario, si el señor Katunaric decide no llevar a cabo el plan, estaré perdida y mi madre no confiara en mí, así que debo arreglar lo que arruine.
Me paso las manos por el rostro, siento una carga enorme en mi corazón, muevo mi cuello y la tensión se siente en mis hombros, Dios solo espero que todo salga bien mañana, o las consecuencias serán perjudiciales para mí.