Capitulo Veinticinco

2013 Palabras
Cada persona que vemos pasar por las calles, sosteniendo a un bebé, haciendo ejercicio o conduciendo a prisa para llegar a tiempo al trabajo, está lidiando con una batalla interior, una cuyo terreno es la mente y en la que en ciertas ocasiones, las personas pierden. Amelia Wilson, había librado una guerra mental, por mucho tiempo, la misma le consumía fuerzas para poder seguir adelante, pero en otras ocasiones es como si le hubiesen inyectado adrenalina directo al corazón y le motiva, impulsándose para librar una batalla más. Nikolas coloca su espalda sobre el colchón, e invita a Amelia a posar su cabeza sobre su pecho, está se deja llevar, mientras juega inconscientemente con los botones de la playera de Nikolas. — Estás muy pensativa— habla Nikolas rompiendo el silencio que para nada era incómodo — ¿Pasa algo?— agrega el hombre. Amelia suelta un largo y cansado suspiro y decide confiar en Nikolas, por lo que se prepara para contarle por lo que está pasando. — ¿Te ha pasado que en algunas ocasiones te sientes fuerte mentalmente, y el otras estás tan débil que te resulta difícil hacer lo más simple?— le pregunta Amelia a Nikolas, y este acaricia el brazo de ella con suavidad, mientras analiza mentalmente la pregunta. — Es normal sentirse agotado a veces, muchas cosas del entorno inciden para ello, hay días menos productivos que otros, pero de ninguna manera podemos llegar a estar completamente en cero— Nikolas hace memoria de los amargos días que vivió creyendo una mentira que destruyó hasta lo más miserable su vida, sabe lo duro que es estar en cero y salir de ahí — por eso debemos tener gente que nos amé cerca nuestro, si no fuera por mí familia, yo ahora estaría sumido en la miseria— Amelia levanta el rostro y el inclina su cabeza para observarla también — ¿Quieres contarme?— indaga Nikolas tomando la mano de Amelia para darle un beso en el dorso. Amelia le sonríe y se siente agradecida de que él compartiera con ella parte de su experiencia. El cálido beso le derrite el corazón como caramelo a baño María. — Eh vivido mucho tiempo sola, a pesar de estar rodeada por un montón de gente, me sumergí en las profundidades de la tristeza y entendí que ahí estaba segura, pero al mismo tiempo sentía que eso no estaba bien, que debía nadar hasta salir a la superficie, e intenté hacerlo muchas veces, pero me quedaba en medio y esa era la peor parte, debía buscar fuerzas para avanzar o me dejaba ganar y no luchar, hasta que mí propio peso me devolvía a las profundidades — Nikolas puede sentir el dolor en las palabras de Amelia, ahora comprende mejor el por qué de sus ojos vacíos, él la abraza más a su cuerpo, quiere con todo su ser un soporte para ella, por eso no interrumpe su discurso — No quiero volver a el palacio — confiesa Amelia — ese lugar consume mí vida — lágrimas d amargura salen de sus ojos — ahí no soy feliz— dice con profunda tristeza. A Nikolas le preocupa los cambios repentinos de humor de Amelia, y entiende que carga con una pena muy grande que le cuesta manejar por si sola, pero Dios no nos dan cargas que no podríamos soportar. — No son los lugares, los objetos o alguna cosa material, que nos hace sentir tristeza— le dice Nikolas — son las acciones de las personas, las que nos hieren y alimentamos nuestra cabeza con odio y rencor, y ¿sabes quienes son los únicos que se marchitan y destruyen lentamente?— el labio inferior de Amelia tiembla y Nikolas limpia con sus dedos las lágrimas que tiene sobre su rostro — nosotros mismos, en el proceso de mí dolor no entendía esa parte, me destruía mentalmente y al final no logré odiarla — Nikolas sentía como un enorme peso abandonaba sus hombros — las personas suelen cometer equivocaciones, creyendo que están haciendo lo correcto, se obsesionan tanto y ponen todo su empeño que luego les cuesta ver qué están equivocados— Nikolas quiere que Amelia pueda soltar ese dolor que la consume. — Ella no me ama Nikolas— dice Amelia, refiriéndose a su madre, pero le duele tanto reconocer esa verdad que ella misma a sabido desde hace mucho tiempo, y que se reafirmó el día que cortó los rosales que con tonto esfuerzo y dedicación había plantado — solo ve mis defectos, no importa si de cien cosas hago una solas mal, ya esa sola cosa, daña las noventa y nueve que si hice bien— Nikolas acaricia el cabello de Amelia — ellos siempre han manejado mí vida, cómo ellos entienden, pero lo que me causa más dolor es que ella siempre se justifica bajo esa mentira— las palabras salen con soltura, nunca había confesado su pesar. — Tienes una fortaleza impresionante Amelia, has soportado muchas cosas difíciles, y necesito que veas que todo ese dolor te ha transformado en una valiente persona— Amelia no aparta su mirada de los ojos de Nikolas — tu ciudad te necesita, todos los que te queremos te necesitamos, pero la persona más importante que te necesita, eres tu misma, no sabes lo capaz que eres, te he visto enfrentar a gente que no conocías, todo por defender tu posición, si eres tímida, pero cuando lo necesitas eres valiente— Amelia sonríe y Nikolas mira esos ojos llorosos que reflejan el alma más pura y dulce que ha conocido — y recuerda, no tienes que cargar con cosas que no te corresponden, cada uno debe cargar su propia cruz, pero solo uno sabe que tan pesada o ligera debe ser. Sin más, Nikolas tomas con sus labios, los de Amelia, besarla es sin duda un viaje al infinito, estrecharla contra su pecho le aumentan las ganas de dar el siguiente paso, pero por más ideal y perfecto que sea el momento, debe aguardar y ser paciente. — Gracias Nik— ella logra decir luego de que se separan — gracias por todo. — Gracias a ti, por escucharme, necesitaba sacar esa piedra que ocupaba un espacio innecesario en mí vida. Vuelve a recostarse sobre la cama, en la posición anterior, y un silencio necesario se instaló. Las confesiones fueron necesarias, Amelia se siente más tranquila y segura de la decisión que hay tomado sin pensarlo o analizarlo, de viajar por un par de días, lejos de todos. — No volveré con ustedes a Escocia— dice repentinamente Amelia, Nikolas la mira. — El entrenamiento de los obreros, está muy cerca— dice Nikolas. — ¡Lo sé!— responde Amelia — y estaré ahí antes, lo prometo— agrega ella — pero necesito hacer algunas cosas por mí misma antes de que inicie el entrenamiento. — Entiendo— dice Nikolas — ¿Puedo ayudar en algo?— indaga Nikolas. Amelia niega, aunque se siente agradecida por el ofrecimiento de Nikolas. —¡No! Gracias, estaré bien— termina por decir Amelia. Los días siguientes fueron muy divertidos para ambos, menos para Enre que el no pudo volver a tomar una gota de alcohol, Louis y él tuvieron un acercamiento en la fiesta de despedida que organizo la tía Katrina, pero la tención entre Elsa y Oliver se hizo más grande, ya que Katerinne la hermana de Enre, bailo con él, toda la noche, provocando que Elsa estuviera demasiado celosa. Ivanna intento conversar con Nikolas durante la fiesta, le contó algunas observaciones que había percibido de Amelia. — Te advierto que es una mala persona— le contó Ivanna al oído a Nikolas, más este la enfrentó y defendiendo a Amelia le dijo: — No es bueno juzgar a las personas por las apariencias Ivanna, si conocieras solo un poco a Amelia, sabrías que tiene un gran corazón— culminó diciendo el hombre que luego de esto se dirigió hasta Amelia y pidió bailar una balada en la pista improvisada en la sala principal de la propiedad de los Katunaric. Se veían tan bellos junto, moviendo sus cuerpos de un lado al otro, dejándose guiar por las melodías de la canción, ambos morían por juntar sus labios, pero no sería prudente, dada la situación en la que encontraban, allí rodeados por sus parientes y empleados, en una pista improvisada. Despedirse el uno del otro, fue más difícil de lo que pensaban, pero este viaje era necesario. Nikolas junto a Louis y Elsa, abordaron el avión privado que los llevaría hasta Escocia, mientras Amelia y Oliver, ratón un vuelo comercial con destino diferente, uno que solo Amelia y ahora Oliver sabían. La ansiedad, se sentía a flor de piel, la euforia y las ganas de emprender este solitario viaje, reafirmaban en el pensamiento de Amelia, que esté viaje le ayudaría a encontrarse consigo misma. Bahir Aziz, recibió a la Duquesa de Fife, para conversar, sobre las insinuaciones que la señora viuda de Wilson, presentó. En el balcón privado del castillo donde habitan los sultanes y los Jeques, Bahir deja aún lado su tablet en donde leía la información necesaria sobre la hija de la Duquesa Yolanda. Yolanda se sentía ansiosa, por escuchar lo que el Jeque Bahir, quería hablar con ella, estaba segura que se trataba sobre Amelia, es obvio que si hija le interesó en cuanto vio la fotografía que le envió, habían pasados varios días de ese suceso, más ahora obtuvo respuestas. — ¿A qué debo el honor de este desayuno con usted?— pregunto Yolanda fingiendo desconocimiento. Bahir la miro a los ojos y agregó — la invite a desayunar para hablar sobre su hija— el corazón de la Duquesa, se aceleró inmediatamente. — ¿Quiere hablar sobre el interés que despertó mí hija en usted?— habla Yolanda. —¡Si!— dice Bahir — tienes usted una hija hermosa— dice Bahir. — Sabía yo que se había Usted precipitado al negarse conocer a mí hija, antes de verla— dice Yolanda. — Tiene usted razón, me precipite, pero no presento un interés marital en su hija— habla el Jeque dejando sorprendida a la Duquesa, quien frunce el ceño. —¿Qué está diciendo?— dice ofendida. — No puedo tomar a su hija por esposa, porque no es Árabe, ni tampoco es Musulmana— agrega el hombre — para mí, la futura esposa y sultana debe poseer nuestras costumbres desde antes de nacer— habla Bahir — casarme con una mujer que no tenga estás características, es una ofensa e insulto para las tradiciones de Omán. Yolanda estruja los dientes furiosa, es una humillación para ella no lograr lo que se había propuesto. — Disculpe, pero entiendo que si existe un matrimonio entre usted y mí hija, eso ampliaría sus dominios y les dieran otra cara ante el mundo— Yolanda trata de tragarse el amargo sabor que le llega a la garganta — solo imagine, dos mundo se unen para hacer la paz— Bahir se pone de pie, ya está cansado de escuchar a esta mujer. — Pido disculpas si le he ofendido, pero una unión así solo traería guerras y odio, su hija puede encontrar el amor en alguien más. Yolanda cierra la puerta de mala manera, la conversación con el Jeque fue peor de lo que imagino. — Vaya, ¿ Y por qué esa cara tan larga?— pregunta el conde Vega a la Duquesa — ¿no me digas que no se dieron tus planes?— se inicia a reír el conde. —¡Cállate!— grita eufórica la Duquesa Yolanda. — Debes elegir a alguien del reino unido, eso ya lo sabes— agrega el Conde. Pero la cabeza de la Duquesa no se podía concentrar, necesitaba abandonar ese país cuanto antes, los negocios resultaron éxitos, pero su principal objetivo no se logró. Así que con dolor de cabeza abordo el jet privado que los llevaría a su próxima parada, y destino, Escocia.
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