Reencuentro

1702 Palabras
Lara miraba emocionada a su hermano. Él era su héroe, su ejemplo a seguir y por eso estaba segura de que tendría la misma suerte que él y encontraría el amor verdadero en su travesía. _ ¿Qué se le está ocurriendo a esa revoltosa cabeza? _ pregunto el hombre mirando con amor a su hermanita, que se encontraba sentada junto a él en su auto. _ Solo pienso…_ dijo ella con melancolía. _ Mmm…algo te tiene mal y lo sé, solo espero que sepas que me puedes contar lo que sea, yo siempre te voy a apoyar _ Adriano sabía que su hermana estaba un poco melancólica y en realidad eso era algo normal después de esos años de entrenamiento. A él no le ocurrió porque volvió con su más preciado tesoro. Ella movió de forma afirmativa su cabeza con una dulce sonrisa en respuesta a su hermano. _ En realidad estoy muy feliz de estar en casa _ dijo ella brillante de felicidad. Era hora de avanzar y continuar su camino. _ Esa es mi pequeña hermanita. Todos están deseosos de verte y tu ahijado ni se diga, te ha extrañado muchísimo _ las palabras de Adriano ensancharon aún más la sonrisa de la joven. Ella había olvidado todo y a todos por ese amor ingrato y ahora comprendía que nunca valió la pena. Lara se prometió a si misma nunca más dejarse de lado por culpa de otra persona. Ella iba a volver a amar, claro que sí, pero también se iba a poner en primer lugar. Sabía que era la manera correcta. Bueno también estaba el tema de elegir bien…ella tenía que ser honesta consigo misma, no fue muy buena discerniendo cuando se trató de ese hombre. El auto seguía avanzando hasta adentrarse en el exclusivo sector de villa de lujo. Al final, la más imponente de todas se cernía sobre ellos imponente y majestuosa. La Dorada los esperaba desbordante de felicidad por el regreso de la niña de la casa. Lara había sido criada con amor indescriptible y fue mimada por toda su familia. Ella era la luz de los ojos de papá y la nena de mamá. La humildad y el don de gentes no faltaban en esa familia que creía que todos los seres humanos son iguales y tienen que ser tratados de la misma manera. Ellos jamás despreciarían a otro por no ser de su mismo estatus simplemente porque para ellos no existía el estatus. Solo había personas buenas, nobles y educadas y personas despreciables, viciosas y trepadoras y valla que conocían a esa clase muy bien. Los Kovacs habían enfrentado muchas dificultades a causa de esas personas viciosas. Muchas mujeres intentaron, sin éxito, tejer su maraña de mentiras para separar a los dos apuestos hombres de sus esposas. Porque sí, no importaba si era el padre o el hijo, lo único que importaba es que ellos las convirtieran en sus amantes y luego en sus nuevas esposas. Laureano, el mayor Kovacs, y aún jefe de la familia, había sido un gran entrenador en el arte de discernir entre las personas destacables y por lo tanto confiables, de las que no lo eran. Su amada Esmeralda había sido su gran maestra en este terreno, pero él como buen aprendiz la había superado con creces. Pero, para desgracia de Lara, no había podido ver en ningún momento los verdaderos colores de Aarón Miller. Ella esa noche de su cumpleaños, en la que él nunca llegó, pensaba pedirle que viajaran a Ciudad M juntos, para poder revelar su verdad. Esa era una condición, ellos debían volver por sus propios medios y sin que nadie supiera su verdadera identidad, así lo hizo Adriano, y así lo hizo también Baltasar, su padre. Ella pensó que sería maravilloso llegar con su amor a casa y que ellos estarían muy conformes con él, pero en cambio volvía sola y divorciada, pero también más fuerte que nunca y decidida a no dejarse engañar nunca más. Al bajar del auto ella fue inmediatamente tomada por los fuertes brazos de su padre, que estaba más que feliz al verla. _ Te tardaste mi niña _ dijo el hombre entre lágrimas _ pensé que tendría que secuestrarte para poder tenerte nuevamente en casa _ agregó aflojando un poco el agarre para poder mirarla a los ojos. _ Lo se papá…es una larga historia _ dijo ella también entre lágrimas. _ ¡Mi nena hermosa! _ gritó su madre de la alegría. Por fin su familia estaba completa nuevamente. Ornella Kovacs, era una mujer hermosa, cabellos rojos y ojos azules como el mar. A ella había salido Adriano, que tenía el mismo color de ojos y de pelo. Era un hombre muy apuesto y sobresaliente. La historia de amor la pareja Kovacs era hermosa, como la de todos ellos, al fin de cuentas lo que a esa familia más le interesaba eran los lazos que se forjaban a través del amor y no el dinero, el poder o los negocios. Ornella comenzó como la secretaria de Baltasar, y tan solo unos meses después ellos destilaban el amor más profundo y sincero que se había visto, solo comparable con el de los mayores Laureano y Esmeralda. Era en verdad una familia bendecida por los dioses del amor y todo gracias a un viaje de rebeldía que el mayor de los Kovacs hizo en su juventud. Lara escuchó la voz de su madre y un dolor profundo le atravesó el pecho. Todos tenían el amor más bonito del mundo, todos menos ella. Ninguno se había equivocado, ninguno había hecho la elección incorrecta solo ella ¿Será que esa parte de la herencia familiar no le toca a ella? ¿Tendrá su amor verdadero? O solo será la tía divorciada. Sacudió de su cabeza esos pensamientos, no era bueno ni tampoco productivo detenerse ahora en ello. Lara corrió como la niña mimada que era a abrazar a su madre. Estaba tan feliz de estar en casa nuevamente. No podía decir que el entrenamiento o iniciación no habían sido efectivos, ella aprendió muchas cosas, más de las que sus padres imaginan y ahora tomará el lugar que por derecho y linaje le corresponde. _ ¡Mamá te extrañé tanto!, tengo tanto que contarles _ dijo entre lágrimas. Ella sabía que no debía ocultarle nada a su familia, y en realidad tampoco quería hacerlo. Sabía que ellos la apoyarían y la entenderían. _ Bien mi princesita, ya tendremos tiempo para todo. Ahora tenemos que ir a que te pongas más bella de lo que eres, esta noche celebramos tu regreso como se debe _ dijo su madre tirando de ella para llevarla hacia el interior de la mansión donde la esperaba todo un equipo de estilistas y vestuaristas. No todos los días volvía la niña del hogar. Los dos hombres solo movieron su cabeza en señal de negación. No podían hacer nada, cuando a Ornella Kovacs se le metía algo en la cabeza nada la hacía desistir. _ Mamá ¿Marina y Benja? _ preguntó Lara al notar que algo faltaba en la casa. _ ¡Oh! Están ultimando los detalles para la celebración. Tu cuñada es la que se encarga de todo y mi niño está en la escuela. Ya deben de estar por volver _ dijo la mayor con una sonrisa un tanto misteriosa. ¿Qué estará tramando mi madre? Pensó la joven. Sabía que su madre era bastante ingeniosa cuando de sorpresas se trataba, pero no estaba segura de cuál podría ser ahora su nueva ocurrencia. Las horas siguientes las pasó en los preparándose para su bienvenida. Mientras la torturaban con el peinado y el maquillaje siente los pasos apresurados de unos piececitos pequeños de un niño, quien salta hacia ella en cuanto la ve. _ ¡Mi pequeño príncipe! _ dijo ella con alegría _ ¡Qué hermoso que estas! _ agregó intentando contener las lágrimas de felicidad que amenazaban con salir de sus ojos. _ Tiita _ dijo con su dulce vocecita el pequeñín. _ Siempre le mostramos fotos tuyas y le hablamos de ti para que no te olvide _ dijo Marina que se encontraba de pie junto a su cuñada que aún sostenía al niño en sus brazos. _ ¡Cuñada! Estas… _ hizo silencio frente a la gran revelación ya que la mujer tenía un enorme vientre que dejaba al descubierto su embarazo. _ Sí, ya pronto tendremos otro retoño _ dijo ella feliz abrazando a la más joven que seguía muy emocionada por el hermoso reencuentro. _ Suegra ya todo está listo, nos esperan en una hora _ dijo de manera misteriosa Marina. Lara no estaba segura de lo que ocurría, pero sabía que no podía ser nada malo. Después de todo su familia nunca haría algo que la lastime. Se dejaría llevar por la corriente y disfrutaría de todos los hermosos momentos que los Kovacs tenían preparados para ella. De todos modos en pocos días se convertiría en CEO de “Kovacs Construcciones”, una de las compañías que ellos manejaban. El conglomerado Kovacs poseía numerosas empresas en diferentes rubros, uno de ellos era el de la construcción. Para ello Lara se había preparado y especializado tanto en administración, lo que consistía en su especialidad, como en ingeniería civil. Ella quería ser la mejor, y para serlo debía prepararse, estudiar mucho y esforzarse por aprender todo lo que era necesario que supiera. Lamentaba haber demorado seis meses más de lo acordado, pero ya nada podía hacer. Los hubiera no existían, y nada podía cambiar el pasado ya que es eso pasado. Ahora solo puede mirar hacia adelante y convertirse en aquello que siempre soñó y que resigno en pos de un amor que solo fue un sueño, o peor que eso una pesadilla. Nuevamente sacudió esos pensamientos que nada positivo le traían y abrazó a su pequeño príncipe que aún estaba en sus brazos, mientras el niño le daba muchos besos en su mejilla demostrando el gran amor que le tenía. Esto es todo lo que necesito se dijo, esto que tengo es amor del bueno, afirmó para sí misma y sonrió satisfecha con la vida, con su vida.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR