KOJI Estoy a nada de arrancarle las manos a la enfermera que está curando algunas de mis heridas tras el fiasco del secuestro. No puedo creer que Agust haya planeado todo simplemente para divertirse y atrapar al Padrino; es un juego de poder que nos ha dejado marcados. Me duele todo el jodido cuerpo, la cabeza me late con una presión insoportable y estoy a un paso de perder la poca cordura que aún conservo. La mujer que tengo delante tiene cero profesionalismo; no ha dejado de manosear mi torso y de lanzarme sonrisas coquetas, como si estuviera suplicando que la empotrara contra la pared y la follara ahí mismo. Cosa que no va a suceder. Primero, porque detesto a las mujeres tan atrevidas y regaladas. Segundo, porque no deseo tocar a otra mujer que no sea la mía. No soy de los que van por

