AKARI Me observo en el espejo y esbozo una pequeña sonrisa que no llega a mis ojos. Deslizo las manos por el tejido de mi vestido blanco; es corto, de tirantes finos que parecen hilos a punto de romperse sobre mi piel. La falda es vaporosa, una nube de inocencia que contrasta con la agresividad de las botas que me cubren hasta la mitad de los muslos. El cabello cae libre por mi espalda y el maquillaje es apenas un velo que intenta ocultar el caos que llevo dentro. Suspiro. Mi corazón golpea contra mis costillas con una fuerza implacable. Han sido semanas de un desgaste brutal. Primero, el atentado contra la madre de Koji que nos arrastró hasta Tokio; luego, el viaje fallido a la hacienda del socio mexicano. No llegamos. El rapto del hijo de Kali y los mellizos de Mattia y Nikki convirtió

