Era algo demandante. Bianca tenía que acostumbrarse a estar siempre bajo el calendario de Nathaniel, y aunque su suegra le recordaba muy “amablemente” que estaba en Nueva York por eso. Se llevaban viendo al menos dos semanas, entre citas que acababan en la cama y conversaciones que dejaban a Bianca pensando demasiado. Sobre todo una que todavía le seguía dando vueltas la cabeza. —Mi padre era jardinero. En realidad Carmenza e Ignazio son mis tíos. Sofía era mi madre. Mi apellido ahora es Valenti porque tanto mi padre como mi madre estuvieron casados y aunque traten de negarlo, soy hijo de alguien de las clases bajas. —¿Cómo te enteraste? —Me lo dijo mi tía. Venir a Nueva York fue no solo para huir de ellos, fue para encontrar rastros de la familia de mi padre. Muchos emigraron hasta

