Jamás había pensado que terminaría haciendo esa clase de tratos solo para mantener unida a su familia y separar a Nathaniel y a su bebé de la mujer que tanto daño les había causado. Su marido podía odiarla después por entrometerse en aquella pelea, pero a su punto de vista, no podía quedarse a un lado, ella había entrado por su misma desesperación y no podía esperar que alguien más luchara por ella. Había decidido hacer lo necesario. Nathaniel la había vuelto a dejar sola pero no era la misma niña indefensa del pasado. Lucharía por su hijo, su futuro y su vida, lo intentaría una última vez con su esposo, y si no resultaba, pues no iba a rogar por migajas de amor. La casa donde estaba parecía tan vacía, pero pronto la llenaría, su hijo bastaría para ser feliz. Se arregló y caminó ha

