Al pasar las semanas la relación entre los Larson y los hermosos hermanos Goya iba viento en popa como ellos decían. No podían pedir más, los Larson estaban espectacularmente felices, nada les podía dañar su ánimo o eso creían hasta hoy en la mañana. Narra Gabriel Goya Cómo de costumbre todas las mañanas desayunamos juntos esa era la regla, al menos el desayuno no podíamos saltarnos a menos que estuviéramos de viaje, nuestras agendas eran tan apretadas que había semanas enteras que no nos veíamos. Hablaron banalidades muy amenas y sonrientes el Goya se levantó y levantó la mesa, regresó con más café abrazo a Miriam y le dio un beso en la mejilla. —Cariño ¿Hoy no trabajas hasta tarde? Pregunte. Miriam se sorprendió, primero el joven casi nunca tomaba la iniciativa de abraz

