CANTO XI «Padre nuestro que te hallas en el cielo, no circunscrito, pues tu amor benigno en lo infinito se difunde al suelo. »Sea alabado tu poder divino y el tu nombre, por toda criatura, que grata te tributa incienso digno. »Venga en paz el tu reino de ventura, porque si de tu seno no desciende, no alcanzaremos solos tanta altura. »Tu voluntad, que el sacrificio enciende, y tus ángeles cantan en su Hosanna, se haga en la tierra que tu amor comprende. »Danos del pan la gracia cotidiana, porque sin ella, en árido desierto marcha hacia atrás aquel que más se afana. »Y así cual perdonamos de concierto recíprocos agravios, tú perdona las culpas del humano desacierto. »Nuestra virtud que débil se abandona, del enemigo guarda y del pecado, y líbranos del mal que nos baldona

