​CANTO XVI

919 Palabras

​CANTO XVI Bruma de infierno, en noche nebulosa sin un planeta bajo pobre cielo, cuanto puede ser negra y tenebrosa, no me cubrió con más espeso velo como el del humo aquel que me tapaba, al sentir sobre mí su áspero pelo. La oscuridad mis ojos ofuscaba, y mi fiel compañero me ofrecía su hombro amigo, y en él me reclinaba. Tal como fuera un ciego en pos del guía, por no extraviarse a tropezar cuitado en cosa que lo hiriese o mataría, tal por el aire amargo iba angustiado, escuchando al maestro, que así hablaba: «Cuida bien no apartarte de mi lado.» Rumor piadoso el aire aquel llenaba, pidiendo, en dulce paz, misericordia, al cordero de Dios que manchas lava. El Agnus Dei cantaban en su exordia al unison, en modo compasado que parecía acorde de concordia. «Maestro», di

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