Capítulo 58

729 Palabras

Se paró en la calle, debajo del cordón. Yo no podía mirarlo a los ojos. Me detuve en sus manos de dedos largos que hacían girar un encendedor pequeño. Esas manos las conocía. Las manos del violín. Agradecí que no quisiera abrazarme ni besarme, que no dijera "hija" o algo semejante. Se quedó parado en silencio. Tenía puesto un jean chupín y unos zapatos de vestir. Levanté la mirada despacio, un chaleco gris, una camisa debajo, el montgomery abierto, su barba entre pelirroja y rubia, su pelo casi largo, casi lacio, la nariz recta, esas pecas; las mías, sus ojos. Manuel tiene la mirada suave. Tenía los ojos húmedos. Pensé que iba a llorar, pero no. Pensé que iba a hablar, pero no. Pensé que me iba a tocar, pero no. Se quedó quieto mirándome. Me sostuvo la mirada. Sus ojos levemente grises

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