CAPÍTULO CUATRO Después del angustioso día que Charlotte llegó a Peacehaven, todo lo demás había ido... mejor. No es que estuviera feliz de estar en casa de su tía Seraphina, pero al menos no había tenido más problemas. El conductor del carruaje pudo arreglar el volante y regresar a Seabrook después de que él le trajera los baúles. Hubiera deseado poder haber ido con él... Peacehaven, por lo poco que había observado, parecía una ciudad bastante decente. No había podido relajarse ni sentir nada como lo hacía cuando estaba en casa. Charlotte no había podido escribir. Permanecía mirando la hoja en blanco durante horas. Las palabras no salían, por mucho que intentara conjurarlas. La lucha por hacer lo único que había deseado más que nada... Nada de esto había figurado en sus planes. ¿Y si fa

