Soledad. La soledad no siempre es mala.
Y aunque yo me habría enamorado de la soledad en más de una ocasión, no podía evitar sentir el sabor amargo en mi boca, podría amar estar sola, pero… Pero, no podía evitar, que cuando los reflectores se apagaban, recordará eso.
Que estaba sola.
CAPÍTULO 14
SABRINA
Solté un bufido, sentada en el borde de la cama de mi habitación, mirando mi celular, recordar la época en donde tenía amigos. Amaba a Zoé, pero recordaba todas las veces que me enfurecí por su enfermedad. Antes, mucho antes.
Podía recordar a mamá diciendo que las cosas eran para Zoé, cuando no me dejaba salir con mis amigas por tener que cuidar a Zoé, las cosas que me perdí en la escuela, dejando de lado todas esas cosas, porque no podíamos gastar mucho dinero, porque las pastillas de Zoé, sus tratamientos, eran más importantes. En su momento, me habría enfurecido, hasta que de verdad lo entendí. Claro que era pequeña cuando eso me enfureció, pero… Al final del día lo entendí.
Y a pesar de que no me arrepentía de ello, de hacer cambios en mi vida por mi hermana, no podía pasar la idea de que, había dejado de tener amigos, creí que ahora las cosas cambiarían, con el paso del tiempo, pero no fue así. Firme aquel contrato gordo, dónde le habría vendido mi alma al diablo. Y, ahora que tenía un poco más de libertades, podíamos vivir más plenamente mi familia y yo, ahora tenía a Erick, que me encerraba en una burbuja, donde no podía tener amigos.
Así que terminaba en el mismo lugar.
Amaba estar conmigo misma, me conocía completamente, pero… Al final, dolía el corazón, no poder llamar a nadie, antes tenía a Pablo. Ahora estaba sola.
Mi madre le dedicaba todo el tiempo a Zoé, y… ¿Cómo podría agobiar a mi hermanita con mis problemas?
Llamé a César, después de tres timbres, el contestó.
—Hola Sabrina—, Me saludo, mientras se escuchaba un poco de ruido—, Estamos preparando el escenario, tu ensayo es esta tarde y el primer concierto mañana…
—Sí, lo recuerdo. Gracias por prepararlo por cierto—, Me levanté y caminé hacía el espejo—, Estaba recordando aquello que dijiste, que necesitaba algo que me caracterizará, un estilo o algo parecido…
—Ajá, y te negaste. ¿Has cambiado de opinión?
—¿Es demasiado tarde?
Se quedó callado por un par de segundos, para después decirle a alguien de ahí, que las luces debían de ser de otro color.
—No, ¿Quieres intentarlo? Puedes ir con Ximena, ella es experta en eso, pero, tendrás que ser rápida. ¿Tienes algo en mente?
—Sí, lo tengo en mente.
—Bien, mandaré a Ximena por ti. Sorpréndeme.
—Así será…
ERICK
—¿No se suponía que Sabrina ya debería de estar aquí? —, Dije irritado, acomodando el micrófono.
—Ella preguntó si podía hacer un cambio en su vestimenta, así que salió con Ximena, no ha de tardar.
—No puede cambiar de vestimenta—, Le dije con la cara arrugada, dejando de verle por un par de segundos—, No debería, se supone que debe de ser dulce.
—Ajá, pero también debe de llamar la atención, parece una niña de seis años.
—¿Y eso qué? No quiero que cambie su modo de vestir.
—Entonces, no te emocionará mucho la idea de ver su cabello—, Dijo con burla, para mirar hacía la tabla que tenía en sus manos—, Supéralo. Se mira linda.
—¿Linda? Me gusta que se vea tierna. Es lo que le caracteriza.
—Le caracteriza su voz, tiene una preciosa voz y unas preciosas letras, eso es lo que le caracteriza—, Me recordó él, rodé los ojos—, Supéralo Erick.
Rodé los ojos, mientras que comenzamos a ensayar mi equipo y yo, podía pensar en Sabrina, quien no llegaba, eso me molestaba, ¿Por qué es que ella no se encontraba aquí?
Escuché cómo su voz sonaba, estaba hablando con César, no le busque con la mirada, no quería que supiera que el cómo ella se miraba, me interesaba.
—Te miras guapísima Sabrina, queda con la música que haces.
—Gracias César.
—Puedes esperar en la parte trasera, casi termina Erick.
Escuché como ella le decía que si y salía de mi campo de visión, se supone que yo le vería aquí, quería verle, de verdad quería verla.
Rodé los ojos con desdén, para suspirar, llegó la canción que cantaría con Sabrina, ella salió por un llamado de César.
SABRINA
Acomodé mi cabello y me miré en el espejo con una ligera sonrisa, me hacía sentir bien esto, por alguna razón esto si me hacía sentir cómo sí realmente fuera yo. Sonreí ligeramente. Me levanté, para mirarme al espejo, maquillaje, tacones, y una linda vestimenta, ya no parecía una niña de seis años.
—Tienes que ir al escenario Sabrina, ensayas la canción con Erick y esperas un momento, para poder salir Erick y comienzan tus ensayos.
—Bien, gracias Malena.
Me acomodé la falda de nuevo, para salir del camerino, caminando hacía donde me habrían dicho que fuera, apenas entré noté a Erick, se giro hacía mí, sus cejas se alzaron por un par de milisegundos, para fruncirse segundos después.
No le tome importancia, y quería fingir que no habría influido él en que esto sucediera, ¿En realidad era aburrida? Relamí mis labios y me coloqué frente a César.
—Saldrás cuando las luces se apaguen, te darán la señal y saldrás.
La melodía comenzó, nosotros comenzamos a cantar.
Me acerqué a él cuando el verso más fuerte comenzó. “El que nos definía”.
—Atraigo el desastre, es un hecho me gustan los chicos salvajes. Y es que, siempre regreso aquí, al día en el que te conocí—, Canté—, Y aunque el es dulce y tierno, siempre tan bueno, no puedo, no quiero, siempre regreso a lo mismo. Las peleas en el auto, los gritos, lo raro.
—Me haces sentir el ruido, la paz, te hago sentir el frío el mal. Pero es algo que quiero, me buscas, te tengo—, Su mano se posó en mi mejilla—, No creías hacerlo, ahora eres así, te tengo, y no quieres perderlo.
—Gritamos, rompemos, siempre lo hacemos—, Sus ojos miraron a mis labios, intenté concentrarme—,Pero, caigo en el juego de nuevo…
Y a pesar de que seguíamos cantando, a pesar de que sabía la letra al derecho y al revés, no podía evitar sentir todo esto, el corazón agitado. Apenas terminó la canción miré hacía el frente…
ERICK
—Te cortaste el cabello—, Le señalé, ella asintió bebiendo de una botella de agua—, ¿Y la vestimenta? ¿Por qué?
Ella rodó los ojos. Ella no lo sabía y, al final de todo, ni siquiera yo lo sabía por completo, por más que lo habría intentado, ¿Desde cuando me molestaba que alguien girará los ojos? Jamás me habría molestado en realidad.
Hasta que me di cuenta, que no era que me molestará la acción, sino que me parecía recordar a las chicas con las que tenía sexo, ellas hacían eso, por placer, sus ojos en blanco, ella así, se miraba bien, pero no quería imaginarla de un modo así, no quería sexualizarla. Supongo que eso era lo que me frustraba, me habría acostado con las chicas que yo quisiera pero ella… A ella nunca la habría visto así.
—Porque sí. No todo tiene razón alguna—, Dijo jugando con la botella—, ¿Qué es lo que quieres escuchar?
No negaría que ella se miraba bien, se miraba preciosa, cómo es que esa ropa se miraba diferente en ella, le quedaba perfecta, jugaba con los colores, la falda era corta y su estomago estaba a la vista. Era algo diferente.
—¿Es por lo que dije? —, Le pregunté, ella se mantuvo quieta por un par de segundos—, ¿De verdad te dejas llevar por lo que escuchas? Eres tan rara, ñoña..
—Sabía que estsr contigo sería mala idea—, Dijo en tono bajo, a lo que fruncí ligeramente las cejas—, Siempre… ¿Siempre tienes que encontrar un modo de herirme?
—¿Te lastiman las palabras que digo?—, Me burle. Ella presionó la botella y se levanto—, ¿A dónde vas?
—Estoy cansada. Me iré a dormir.
—Sabrina, deja de ser tan...
—¿Tan que? ¡Tú deberías dejar de ser tan idiota!—, Me grito. Sus ojos se llenaron de lágrimas—, ¡Estoy cansada! ¡Hago todo lo que puedo para seguir tu puta mentira de mierda! ¡Tú deberías de ser quien se preocupará porque esto salga bien! ¡No yo!
—Sabrina—, le advertí.
—Sabrina nada. Eres un idiota, me haces daño, ¿Qué acaso no lo ves? ¿¡No lo notas!? ¡Eres un cabron que le gusta lastimar a las personas! ¡Pero te equivocas conmigo! ¡Firme el contrato para fingir ser tu maldita novia! ¡No tu jodido saco de boxeo!
Me levanté y le tomé del brazo pero ella se soltó.
—Eres una exagerada. Es solo qué tu no aguantas...
—No tengo porque aguantar nada. Y esto no es parte del trabajo, no tengo porque quedarme.
Fue lo último que dijo antes de salir de mi campo de visión, me quedé estático.
Habría herido a Sabrina. De nuevo.
Durante toda la noche pensé en ello, quise ir a su habitación, pero no lo hice. ¿Por qué iría a su habitación? A mi no me interesaba Sabrina...
Pero, ¿Por qué escucharla llorar me habría movido algo?
Ella lloro un rato, podía escuchar su respiración intentando calmarse, era lo que hacía el tener las habitaciones así, con solo una puerta que nos separase.
Frunci las cejas ligeramente.
¿Me gustaba Sabrina Donnut?
SABRINA
No podía entender porque seguía mirando en dirección de Erick Parker, él me gustó alguna vez y supongo que... Él sentimiento siempre se terminaba removiendo dentro de mí. Quería no sentir nada, ni odio ni amor, porque eso significaba que sentía algo por el. Y yo no quería sentir absolutamente nada por él.
Llore un rato, demasiado largo, me sentía herida, pequeña, nuevamente era aquella niña que le gustaba Erick, la que el molestaba y le tiraba los cuadernos en el colegio. No quería ser eso, aquel sentir tan amargo... Tampoco quería eso.
Desperté muy temprano con los ojos hinchados y la mirada cansada. Eran las cuatro de la mañana.
Baje de mi habitación y salí del hotel.
Me senté en una banca, en el parque y solté un suspiro pesado. Este era mi sueño...
¿Por qué conseguirlo se estaba llevando toda mi energía?
Era como si Erick se encargará de absorber eso, como un vampiro la sangre.
No quería sentir nada por el. Pero, había llegado a una conclusión.
Odiaba a Erick Parker.