: m e l a n c o l í a

3012 Palabras
¿Cuándo dejas de sentir odio? ¿Por qué comenzaste a sentirlo en primer lugar? ¿Lo recuerdas? Sus palabras te hirieron, pero, la indiferencia, esa, por alguna razón dolía un poco más. CAPÍTULO 9 SABRINA Pensar en las cosas siempre me habrían resultado en un desastre, pero esta vez, mientras me acomodaba el cabello me di cuenta, que no me interesaba mucho esto, creía que estaba furiosa con Erick, pero ya no sabía con claridad el porque el enojo se habría ido de mi cuerpo, sólo, por alguna razón, ya no estaba furiosa con Erick, no me importaba en lo absoluto Erick Parker. Al final, el sentir se fue. Nunca había sido de enseñar el estómago, no era algo que me gustará porque sentía que era demasiado para mí, me gustaba la falda, porque no mostraba mis piernas, pero, sentía que esto, era muy glamuroso, quería volver a ser la chica que era anteriormente, miré hacía el estómago para sonreír ligeramente, me veré bien, me sentiré bien. Salí de la habitación con un poco de nervios, pensando en que caería, me sentía más tranquila, apenas llegué abajo, noté que Erick se encontraba sentado en la sala, me apoye en el barandal, y miré como es que el dorado de mi vestido combinaba a la perfección con partes de su traje, hice una mueca, ¿Cómo es que se habría enterado? —¿Nos vamos Sabrina? —, Preguntó cauteloso. Asentí. Me quedé callada en la mayor parte del camino, mirando hacía mi celular, notando que tenía un mensaje de Pablo. Pablo: Te irá bastante bien, bonita. Ten confianza en ti misma. Eres especial para mí, se que lo serás para los demás. Sonreí ligeramente, para dejar mi celular en mi regazo. Durante el trayecto, pensé seriamente en lo que estaba pasando, relamí mis labios. Sus ojos miraban en mi dirección constantemente, supongo que analizaba las cosas que pasaban en nuestro entorno, yo no lo decía en voz alta, pero de cierto modo, las cosas me resultaban pacíficamente. —¿Estás lista para esto? —, Preguntó. —Sí, será divertido—, Dije sonriendo vagamente. Tenía la esperanza de sentirme con tranquilidad, no pensar en que Erick me haría a un lado de nuevo por alguna modelo o por Samara en especial, relamí mis labios, para después mirar hacía afuera. Apenas llegamos noté cómo es que el lugar en sí ya se miraba bastante elegante, parecía ser especialmente creado a la temática del álbum de Mariana, una cantante que llevaba demasiado tiempo en este mundo, cuando me dijo César, que Mariana me habría invitado a mi primero, me sentí un poco en paz. ¿Ella habría escuchado de mí? Eso me emocionaba ligeramente. Era una fiesta formal, Mariana tenía 28 años, le gustaba el glamour así que lo habría especificado en la invitación que habría creado. Apenas bajamos, la mano de Erick sujeto la mía, pensé demasiado en ello, no lo solté, pero pensé en hacerlo, su mano me tomaba con seguridad, cómo si esto fuera algo normal para él, seguro lo era. Entramos, note como había demasiados cantantes que yo habría admirado desde hace años, pensé en ello, no sabría si era la más joven del lugar, pero, quizá si de las nuevas celebridades, puesto que a todas las que miraba, las habría visto anteriormente, seguidora de la mayor parte de las personas de aquí. —¡Sabrina! —, Me saludó Mariana, con familiaridad, cómo si me conociera de toda la vida—, Me alegra que pudieras venir. —Te agradezco la invitación, es un honor—, Mordí mi lengua para evitar el vómito verbal que se acercaba velozmente a mí. —Me gusta tu nuevo álbum, en especial Almas perdidas—, dijo con una sonrisa tranquila—, Se que llegarás lejos. Y quien sabe, quizá en algún punto cercano, podríamos hacer una colaboración. Me emocione, no podría decir que eso no sucedió, puesto que lo habría sentido. La noche siguió, las personas aquí eran bastante agradables, podría ver cómo todos se divertían y los fotógrafos iban y venían con las personas que se encontraban aquí. —Te miras bien—, Me dijo Erick, entregándome una copa de vino, agradecí—, ¿Te diviertes? —Sí, es agradable este lugar—, Encogí mis hombros, él sonrió ligeramente—, ¿Qué sucede? —Nada—, Dijo con tranquilidad. Su mano acunó mi rostro, por un par de segundos me quedé estática, ¿Por qué se empeñaba en hacer eso? Erick sin duda lograba confundirme, de cierto modo, lo hacía de un modo mayor al que podía llegar a entender. Si pudiera decir algo, es que al principio Erick estuvo conmigo todo el tiempo, sentía que, por un momento, ahora él quería hacer las cosas bien, para que el desastre no llegará a nosotros, que no fuéramos descubiertos cómo una relación falsa. Su mano sujeto mi cabello y acercó su frente a la mía, por un par de segundos sentí cómo mi respiración se hizo agitada, tanto que sentía que todo esto era algo irreal, ¿Lo era? ¿O era acaso cosa mía? No lo sabía, ¿Por qué el solía hacer eso constantemente? ¿Por qué parecía ser que eso era lo único que él quería hacer? Más, por mucho que ahora quisiera arreglarlo, no podía, no si las cosas ya estaban vencidas, esto se habría podrido y no había nada que pudiera cambiarlo. Quizá, por fin ambos lo mirábamos del modo en el que lo era, un contrato, uno en donde al final, la única tonta fui yo, por pensar que en algún punto nosotros fuimos amigos o cualquier cosa, cercanos, son cosas que me habría inventado yo, ¿Por qué lo habría hecho? ¿Por qué parecía que me seguía esmerando en hacer este tipo de cosas? Ahora, era diferente, teniendo a Erick tan cerca, me di cuenta, quizá no lo odiaba, no podía hacerlo, tenía muchas cosas en mente y lo menos que hacía, era odiarlo, no quería ponerle atención respecto a, porque era gastar energía en algo que, sabía que no podría cambiar, ni ahora ni nunca, las cosas ya estaban predestinadas a esto, a todo esto, en general, así que… ERICK Por alguna razón, era peor que Sabrina no le interesará que me odiará, era cómo si ni siquiera quisiera tomarse el tiempo de odiarme, ¿Habría sido tan cruel? ¿Ella habría pensado en ello constantemente? ¿Habría pensado en mí como el villano? Estaba con Samara, hablando, de un modo podía escuchar las cosas que Samara me decía, pero no le prestaba la suficiente atención, puesto que, a un par de pasos de mí, estaba Sabrina, hablando con Freddy, riendo, ¿Por qué reía? Conmigo no lo hacía, conmigo ella estaba molesta todo el tiempo, Pensé en todas las cosas que habría estado haciendo desde que firmamos el contrato, habría hecho que la vida de Sabrina fuera completamente diferente a las cosas que ella deseaba y quería, ¿Era acaso que habría sido mi culpa que ella se hiciera a un lado? No lo sé, quizá me molestaba el hecho de que ella se hiciera a un lado. No lo entendía, no me gustaba cuando yo le gustaba, me parecía que ella habría enloquecido porque pasaba el tiempo entero mirando en mi dirección y diciéndome chistes que a nadie le daban gracia, pero, lo pensaba de nuevo, siempre terminaba pensando de nuevo y resultaba un dilema, un desastre. Tampoco me gustaba cuando ella me ignoraba, ni cuando me odiaba, menos cuando ni siquiera parecía querer tomarse el tiempo de odiarme, ¿Por qué todo se sentía de ese modo con ella? ¿Por qué parecía que ni siquiera podría entender yo que era lo que sentía? No era amor. Esas cosas… En realidad, me parecían vagas, amor, amor, amor. ¿A que persona en realidad le habría funcionado el amor? Siempre, cuando te enamorabas, terminabas saliendo lastimado, ¿Por qué alguien querría salir herido? No lo entendía. Pero, estaba aquí, con Samara, escuchándola, y no me parecía ser algo que quisiera seguir haciendo, no podía pensar en que, mientras tenía una charla con Samara, mis pensamientos iban hacía aquella chica, que no me podía prestar atención, que no podía mirarme ni reír, del mismo modo en el que lo terminaba haciendo con los demás. —Quizá podríamos tener una noche interesante hoy—, Dijo ella, con una sonrisa coqueta, pasando sus manos por mi cuello, le aparte—, Creí que te gustaba acostarte conmigo, ¿Qué sucede? —Nada. Hablamos después. —¿Qué? ¿Por qué? —, Dijo ella con una mueca. —Es un evento en donde hay demasiadas personas, lo menos que necesito es que piensen que soy un infiel. Apenas le dije eso, caminé hacía donde estaba Sabrina, un poco pasada de copas, más no ebria, pasé mi mano por su cintura, logrando que ella se sobresaltará por mi toque en su piel desnuda. —Preciosa, ya es un poco tarde, vámonos. Ella asintió, al ver su celular, el vuelo a el primer lugar que iríamos sería en dos días, teníamos aún demasiadas cosas que hacer, eso ella lo sabía, las cosas comenzaban a estar encima de nosotros, por lo tanto, teníamos que dar afinidad a los demás detalles que quedaban. —Un placer conocerte Sabrina—, Dijo dejando un beso Freddy en la mejilla de Sabrina, mis cejas se fruncieron ligeramente—, Tienes mi número. —Sí, me alegro de haberte conocido—, Le dijo, rodé los ojos. Ella y yo comenzamos a caminar en dirección de donde se encontraba la salida, ella miraba hacía el cielo, y su piel estaba erizada ante el frío. Me saqué el saco y se lo coloqué en los hombros, ella me miro con confusión y dijo un “gracias” en tono bajo, ella se apoyo en la pared, cuando llegamos afuera, esperando que trajeran mi coche. —¿Qué hacías con Freddy? —, Dije de un de repente, ella frunció las cejas ligeramente—, Eres mi novia, ¿Lo olvidaste? Ella chasqueo la lengua en el mismo momento en el que me entregaron las llaves. —Tu hablabas con Samara, ¿Por qué tendría de malo que yo hablara con alguien? —, Dijo a lo que rodé los ojos—, Puedo hacer amigos. Podía, pero no Freddy, no ningún chico que seguramente lo único que quería era acostarse con ella, odiaba la idea de que alguien estuviera cerca de ella, fue por ello que cuando la idea de tener una novia dulce que me ayudará a limpiar mi imagen Sabrina estaba en el mismo renglón, ella estaba tan cercana a ser esposa de Pablo, que la idea, me causaba una revoltura en el estómago. Vomitaría si seguía pensando en la idea de que Sabrina podría estar con cualquier otro chico. —No, no puedes—, Dije caminando hacía él auto. —Sí. Sí puedo, sabes que harás lo que yo te diga—, Dije tomándole del rostro—, No hay nada que puedas cambiar respecto a ello. —Eres un…—, Pauso sus palabras, parecía ni siquiera querer tener interés en pelear conmigo. Ahí finalizaron sus palabras y terminó por subir al coche, mordiendo seguramente el interior de sus labios. Durante el trayecto a casa, ella permaneció callada, cómo si el hecho de hablar fuera algo que terminaría en algo que ella no quería tener. Pensé demasiado en ello, apenas llegamos a casa, noté que ella bajo velozmente, cómo si quisiera evitar tener contacto conmigo. Llegamos a casa, antes de poder hacer algo, de poder subir las escaleras la arrinconé entre la pared, ella rodó los ojos. —¡Deja de hacer esto! ¡Me frustras Erick! —, Dijo con enojo, ahí noté, que el llevarla al máximo, hacer que el enojo aumentará cuando ella dejaba de hablarme, era el mismo que hacía que me hablará—, ¡Deja de estar haciendo esto! —¿Por qué te molesta tanto mi cercanía Sabrina? —, Dije, dando un paso hacía ella—, ¿O es acaso que te pones nerviosa? —No, no me pongo nerviosa, más no quiero saber nada de ti—, Continúo, con enojo—, Cada que intento hacer que esto no sea un desastre, lo terminas haciendo tú, parece que disfrutas pelear. Pase mi mano por su cabello, logrando que ella se pusiera nerviosa, se quedó estática, cómo si pareciera que todo lo que sentía le hacía estar confundida, me miró con sus ojos eléctricos ligeramente abiertos a par. —¿Estás segura de que no te pones nerviosa? —, Le dije con un tono de burla, ella termino por rodar los ojos—, Sabes que te pones nerviosa, sabes que esto tiene más poder en ti del que quisieras admitir en primer lugar. —No, no lo tiene—, Dijo, para soltarse de mi agarré—, No me pones nerviosa, no tienes poder en mí. Sabía que tenía poder en ella, no por el contrato (aunque legalmente lo tenía) más eso no sería algo que llegaría a decir, puesto, que no era mi intención seguir causándole daño, ya habríamos peleado lo suficiente esta noche. Estaba semana, esta vida. Detuve su andar, poniendo mi mano en su cintura, ella me miró con confusión, pero no dijo nada, parecía querer intentar contenerse de los insultos que quería decirme. Di un paso hacía ella, sus ojos me miraban con enojo, y antes de hacer cualquier cosa, ella salió casi corriendo del lugar, subió las escaleras corriendo, por primera vez no la vi tropezar con los tacones, por primera vez no la miré titubear en las acciones que ella tomaba, subió corriendo. Suelen decir, que cuando el desastre empieza, las cosas siguen así para las personas. Supongo que yo habría hecho el desastre en la vida de Sabrina desde que todo esto inicio y con el paso del tiempo, las cosas no hacían mucho más que aumentar, la vida de ella parecía ser un desastre. —No, no, no… —, Escuché entre un jadeo a Sabrina, mis cejas se fruncieron, ¿Era posible que ella estuviera tan enojada conmigo para llorar—, No… Su voz rota me hizo sentir que la piel se me erizó, me causo demasiadas emociones entrelazadas, me detuve fuera de su habitación. ¿Debía tocar? ¿Debía preguntar que era lo que pasaba con ella? No lo sabía, quería preguntarle si es que necesitaba algo. Estaba por tocar, cuando Sabrina salió de su habitación, con su gato entre sus manos, y los ojos llenos de lágrimas, nunca habría visto a Sabrina en este modo tan frágil, sus ojos estaban inyectados en sangre y sus mejillas ya estaban completamente rojas. —Sabrina… Ella no me escuchó, parecía demasiado conmocionada, comenzó a bajar las escaleras y yo fui tras de ella, por alguna razón, podía imaginar el porqué ella se sentía así, el gato era ya viejo, desde que tenía recuerdos Sabrina lo tenía. —Hey, Sabrina—, Le llamé, pero ella ni siquiera se limitó a girarse o prestarme atención, ni siquiera parecía entender lo que hacía. Estaba por salir de casa, cuando la detuve. —Y-yo… —Te llevaré al veterinario, no irás caminando, ni sola, ni menos a estas horas—, Le recordé, ella no presto atención, parecía ni siquiera poder entender lo que estaba pasando. Salimos de la casa y subimos a mi auto, ella no miró en mi dirección, ella hizo una ligera mueca y el llanto no cesaba. —Por favor, no te vayas, por favor, no te vayas—, Repetía sobando su lomo—, Por favor… Ver a Sabrina tan rota, me hizo sentirme peor. SABRINA —No me pones nerviosa, no tienes poder en mí. Apenas le dije eso, salí casi corriendo del lugar, odiaba que quisiera tener ese poder sobre mí, que quisiera creer que el podía influir en mí siempre, ¡Estaba demasiado cansada! ¿Cómo es que el solía hacer ese tipo de cosas? ¿Cómo es posible que no parecía importarle nadie más que no fuera él? Apenas me adentré a la habitación, busqué con la mirada a mi bebé, pero por más que lo buscaba no lo encontraba. —Milo, ¿Milo en donde estás? —, Le llamé, buscándole, hasta que lo encontré, ligeramente escondido y acurrucado—, ¿Qué sucede bebé? Me puse de cuclillas y comencé a pasar mi mano por su pelaje, era extraño, pero nunca habría visto a Milo comportarse de ese modo, fruncí las cejas. —Milo—, Lo cargué, estaba débil sentía que con trabajo podía sostenerse—, No, no, no… Sentí cómo si mi mundo se hubiera venido abajo, mi corazón se sintió pequeño, tan pequeño… —No… Seguí intentando que se levantará, que pudiera hacer algo, sus ojitos me miraban, pero de cierto modo, estos se cerraban, las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos con velocidad, me sentía lastimada, me dolía. Salí de la habitación velozmente, sintiendo cómo todo en mi entorno no funcionaba, cómo si todo esto se habría parado. Miré a Erick apenas salí de la habitación, pero no podía pensar en algo que no fuera Milo, subimos a su auto y durante todo el trayecto, solo podía pensar en Milo, mis ojos parecían un mar, había un diluvio, no lo sé. Llegamos al veterinario y tomaron a mi gatito, entre sus brazos, mis ojos estaban siendo un desastre, mi vida se sentía cómo un desastre, Erick me miró, sin embargo, no me dijo nada, dejé caer mi peso en una de las sillas de espera y terminé escondiendo mi rostro entre las palmas de mis manos. Milo… Era lo único que tenía de papá… Milo me habría acompañado por toda la vida, ¿Cómo es que podía irse?
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