SOMOS UN NEGOCIO

1298 Palabras
—¡Buenos días!, Linda, ¡despierta ya! —dice mi madre mientras se acerca y me da un beso. —¡Hola, mamá!, ¿qué haces?, ¿por qué me despiertas tan temprano?, son las 6:00 a. m. y es domingo, déjame dormir… —¡No!, Linda, ¡despierta! Desayuna, vístete y baja, por favor; tu padre te espera… —¡Por Dios!, ¿en esta casa acaso nadie descansa? Veo que mamá se va, y aprovecho para dormir cinco minutos más. Me levanto, me baño, me arreglo, me veo al espejo y ¡awww!, sorpresa, me encanta lo que veo. Me digo a mí misma: —¡Lúcete, chica!, así sea domingo, en la casa y con tu papá. Voy hacia el despacho y veo a papá muy serio. —¡Hola, papá!, ¡buenos días!, ¿te pasa algo?, te noto preocupado. Él me mira, sonríe y me dice: —Siéntate, hija, tenemos que hablar. No puedo negar que me asustan sus palabras; papá jamás me había hablado con tanta seriedad, ni siquiera cuando hay problemas en la empresa. Me siento junto a él, algo nerviosa, y le pregunto directamente: —¡Papá!, ¿pasa algo?, por favor, sé directo y sin tapujos. —Ahí está mi niña, como siempre todo lo quieres a los trancazos. Jajajaja. —Papá, es en serio, no des vueltas, te conozco y algo muy serio debe estar pasando. —Pues parece que mi niña me conoce muy bien. Espera un momento y lo sabrás, estoy esperando a que lleguen tus hermanos… —¡Así de grave es! —me muero de la angustia por dentro. —¡Hola, preciosa hermanita! —entra diciendo Alexander, muy feliz, y detrás de él entra Mía, empijamada y con cara de pocos amigos. —¡Papá!, ¿por qué nos levantas tan temprano? —dice ella—. No ves que ni el sol ha salido. —¡Oh, Mía!, por favor, no seas exagerada, el sol salió desde hace tres horas —responde papá. —Bueno, por favor… —intervengo—. Si tienes algo que decirnos, espero sea rápido, debo organizar unas cosas para la junta de mañana con Interprise Optimus. —No tienes que organizar nada —me dice papá—. La junta ya se hizo anoche, conmigo presente. —Pero, ¿cómo?, ¿no se supone que debo estar enterada de todo lo que pasa en la empresa? —¡Así es!, por eso los cité ahora. —No entiendo, explícate, papá. Mía: —Sí, papá, por favor, explica rápido, quiero ir de nuevo a la cama. —Bueno, ¿cómo les digo esto? —nos dice papá mientras coloca sus manos en la frente—. Hace algunos años, antes de que mi papá, su abuelo Jorge, me entregara la compañía, hubo un desfalco por parte de nuestro contador en ese entonces, el señor Max Richard… Alexander: —No lo llames señor, eso es una rata. —¿Cómo puede ser, papá?, nunca nos habías contado nada. —Linda, eso fue hace mucho tiempo, tus hermanos eran muy pequeños, al igual que tú. En ese entonces el desfalco fue demasiado grande, nos estuvieron robando por años y casi perdemos todo nuestro patrimonio. Para salvarnos, tu abuelo realizó un negocio con el magnate Francis Optimus, dueño de Interprise Optimus. —¿Cómo?, ¿la empresa con la que te reuniste? Alexander: —¿Qué pasó con la rata del contador? Mía: —¿Por qué tanto alboroto?, eso pasó hace muchos años, ahora estamos bien y con mucho más dinero. —A ver, niños, déjenme terminar, y si tienen alguna duda al final responderé sus preguntas —prosiguió papá. —Como les decía, su abuelo, al ver la empresa que tanto trabajo le ha costado mantener a la familia de generación en generación, hizo un trato con el señor Francis; él proporcionaba todo lo económicamente necesario para sacar a la empresa de la ruina, con la condición de que ese favor fuera pagado. Mía: —¿Y mi abuelo aceptó? Alexander: —Obvio, ¿no ves que la empresa sigue en pie? ¡Qué pregunta tonta! Mía: —¡Tonto serás tú! —¿Es en serio?, no es hora de pelear, dejen que papá termine de hablar. —Gracias, Linda, siempre siendo más madura que tus hermanos. Continuando, como les iba diciendo, su abuelo recibió una propuesta para pagar la deuda adquirida con el señor Francis, deuda que ellos vinieron a solicitar el día de ayer. Por eso la razón de la reunión. Y, a tu pregunta, hijo —refiriéndose a Alexander—, nunca pudimos atrapar a esa rata de Max Richard. —Un momento, papá, ¿cuál es el pago de esa deuda?, ahora tenemos mucho dinero, más que ellos, siempre lo hemos tenido a excepción de cuando ocurrió el desfalco, ¿cierto? —¡Así es! —afirma mi padre. —Pero, ¿por qué?, hay un pero, ¿cierto? —La cuestión es… En ese momento entra inesperadamente mi abuelo diciendo: —No te preocupes en explicarles, yo mismo les diré las condiciones para pagar esa deuda. Alexander: —¿Pagar?, un momento, ¿aún no ha sido cancelada la deuda, abuelo? —¡Así es!, aún no ha sido cancelada, y los Optimus desean que sea cancelada ahora, ya llegó el momento para ellos de avanzar. —¿En qué más pueden avanzar, abuelo? —pregunto—. Son lo suficientemente millonarios para no necesitar más nada. —Te equivocas, Linda; querida nieta, siempre se puede adquirir más. En este caso, Francis siempre quiso el reconocimiento mundial del que goza nuestro apellido; así podrían ampliar el mercado de su empresa, que son autos. De esa manera serían imparables y formarían un imperio sólido, es por eso que no le costó esperar tantos años para cobrar la deuda… Apretando mis puños y respirando hondo, me lleno de coraje y le pregunto a mi abuelo: —Abuelo, el reconocimiento que tiene nuestro apellido solamente lo podrán obtener de tres maneras: la primera, siendo parte de nuestra familia, cosa que no es; la segunda, trabajando fuerte y duro durante un siglo entero, y si dices que está cobrando la deuda ahora, tampoco es esa opción; y la tercera y última es casarse con algún m*****o de la familia. De esta manera se puede pasar a gozar de todos nuestros privilegios a nivel mundial, ya que empezaría a formar parte de la familia. El abuelo me mira ferozmente, sonríe y asiente con la cabeza; en ese momento me quedo petrificada. Mía rompe el silencio e interviene diciendo: Mía: —Que tampoco puede ser, porque a nadie le han propuesto matrimonio. Alexander: —No hay necesidad de una propuesta, Mía, ya que el abuelo al parecer hizo un arreglo hace años. El abuelo sonríe y dice con orgullo: —Estoy gratamente sorprendido, mis nietos cada día son más inteligentes. Petrificada aún por la noticia, que no termino de entender de una vez, intervengo diciendo: —¿Es en serio, abuelo?, ¿alguien de nosotros se tiene que casar con alguien de la familia Optimus?… —¡No, querida!, ¡no es así!, alguien de ustedes no se tiene que casar… Los tres respiramos hondo. Mía casi salta de la felicidad, Alexander por poco y se desmaya aguantando la respiración, rezando que no fuera él, y yo… yo ni siquiera puedo mantener una relación una semana; en 24 años no he sido capaz ni siquiera de besar a alguien, ¿cómo podría siquiera casarme? Interviene el abuelo drásticamente, sacándome de mis pensamientos: —Alguien de ustedes no se tiene que casar, porque se tienen que casar los tres. —¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEE?, ¿somos el pago de tu negocio?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR