Los periodistas me sosiegan, todos nos rodean, toman fotos y preguntan sobre próximos proyectos. Preguntas van y vienen sobre mi regreso y mi supuesto compromiso. «Vaya, los chismes vuelan, ¿cómo hace esta gente para enterarse de todo?»
Mis guardaespaldas abren paso entre la multitud de reporteros. Por fin, al entrar a la casa siento un olor familiar, está decorada de forma exquisita, tal como yo lo pedí, sobria y elegante, con tonos champán y lila, algo femenino debo reconocer, pero no me gustan los colores brillantes ni las excentricidades. El único excéntrico debo ser yo.
Mis papás se acercan, mi madre no para de llorar, está muy emocionada de verme.
—Hijo, cuánto te extrañé —me dice mientras me abraza como si no quisiera soltarme jamás…
Mi padre me mira con cara de orgullo y me toca el hombro.
Mi abuelo me ve, me estira su fuerte mano y habla con voz empoderada.
—¿Listo para la batalla? Todos te hemos estado esperando.
Ahí lo entendí, era la hora de anunciar el tan esperado compromiso.
Mis hermanos y yo subimos a la tarima, mi abuelo tomó el micrófono y nos dio la bienvenida. En plena tarima me presento cortésmente y en baja voz al señor Jeremías Winstor, a quien ya había visto; a su esposa y a sus hijos, a excepción de mi futura prometida, que no estaba. «¡Vaya! Desde el inicio supe que sería un dolor de cabeza», pero con o sin ella debía iniciar la función.
—Querida familia —dijo mi abuelo—. Queridos colegas, queridos periodistas, estamos aquí reunidos hoy con el fin de darles una gran noticia. El día de hoy la familia Winstor y la familia Optimus se unirán no solo como socios, sino como familia, pues nos complace anunciar el compromiso de nuestros nietos Fernando y Mía.
A continuación, pasan al frente, Fernando con cara de preocupación, mientras que a su prometida la vi muy animada. A decir verdad, saca un anillo y le pide a la chica con frialdad si quiere ser su esposa, ella acepta saltando y feliz como si fuera la mejor noticia del mundo, hasta lo abrazó y besó.
Fernando me mira y gesticula con sus labios las palabras —Por favor, ayúdame— haciendo especial énfasis en “ayúdame”. Lo miro con tono burlesco. «Gracias a Dios esa chica loca no es mi prometida».
Se escucha a la gente murmurar:
—Pensé que era Ethan el que había regresado para casarse.
—Ahora serán invencibles las dos familias —decían otros…
Prosiguió el abuelo:
—Un aplauso para los novios.
—Ahora me complace a mí participar —intervino el señor Winstor—. Que mi hijo Alexander ha decidido casarse también.
Todos en el público se miran sorprendidos.
—Alexander por fin ha sentado cabeza, y con una bella dama, capaz e inteligente. Por lo que estoy muy complacido.
Samanta disimula muy bien o se siente muy feliz por lo que ha dicho su futuro suegro, porque no paraba de sonreír.
—La señorita Samanta Optimus…
No sé si era mi imaginación, pero casi que arrastran a este chico Alexander para acercarlo a mi hermana. Solo escuchaba cómo los dos se susurraban entre sí, mostrando su gran sonrisa al público. Samanta reclamaba su anillo de compromiso y él solamente le decía que ella tenía suficiente dinero para que se comprara uno. «Estos niños en serio me divertían».
La gente seguía murmurando, escuché cómo Andrés Coronado, presidente de Coronados Tecnology, le decía a su hermana Cynthia que esto no debía ser. Que por suerte aún estaba disponible Linda, porque si no, el imperio creado al unirse las dos familias sería indestructible.
Me reí para mis adentros. «¡Si él supiera!», cosa que pronto hará…
—Y por último… —dice mi abuelo con cara de satisfacción—. Mi mayor orgullo, mi nieto Ethan, desposará muy prontamente, al igual que sus hermanos, a una Winstor. En este caso, la mujer perfecta para él, la más inteligente y bella chica que puede tener este país, Linda Winstor.
Me acerco con cara de satisfacción mientras veo cómo al idiota de Andrés se le desencaja la mandíbula. Me sentía poderoso, más de lo que ya era, y esto apenas empezaba, y habría disfrutado de verdad este momento si no hubiera sido porque mi supuesta futura esposa no aparecía por ningún lado.
Todos murmuraban:
—¿Se habrá escapado?
—¡Qué estúpida! ¿Rechazó a ese bombón?
Solo pensaba: «Niña tonta, cuando te encuentre me las vas a pagar».
—Abuelo —le susurro—, ¿dónde está esa tonta? Me está haciendo ver como un imbécil, como si me hubieran rechazado, seré la burla si no aparece.
—Calma, calma, ¡ya vendrá!
Veo que todos se me quedan viendo expectantes, y es entonces cuando veo a ese niñito Alexander con una cara de felicidad como si su hermana estuviera haciendo la gran hazaña. Quería partirle la cara y quitarle esa sonrisa, necesitaba a alguien con quien desquitarme y no pensaba dejar que se burlara de mí.
—Ahí está, señoras y señores —dice mi abuelo mientras salía Linda del tocador—. Haciendo una entrada triunfal, nuestra futura nuera, vicepresidente de Winstor’s Company. Démosle una bienvenida a Linda.
Desvío mi mirada hacia ella, todos aplauden, la rodean los fotógrafos.
—Ve hacia ella —dice mi abuelo—. No dejes que esa niña meta la pata.
Se veía confundida, así que decido darme la vuelta rodeando el salón para alcanzarla por detrás, sin que los periodistas me impidan pasar. Escucho que le hacen preguntas sobre cómo nos conocimos, está aturdida, no sabe qué contestar, solo balbucea nerviosa.
—¡Oh, no! Va a dañarlo todo.
Me impulso, la abrazo por detrás e intervengo.
—No coman ansias, señores. Es un secreto, así como nuestra relación, ya que al ser personajes públicos solo queremos mantener nuestra privacidad, ustedes entenderán. ¿Cierto, caramelito?
Le pregunto y la tomo por la cintura girándola hacia mí. «¡Oh, por Dios! Sabía que era bella, pero las fotos se quedaron cortas. ¡Es malditamente hermosa!».
Su rostro, sin una gota de maquillaje, parecía porcelana. Sus ojos verdes y grandes como dos esmeraldas tenían un brillo sin igual. Intenta zafarse de mis manos. ¡Ah, no! No vas a hacerme quedar como un tonto.
La beso, fue un beso tierno, solo junté mis labios con los de ella. Sin embargo, no me quería despegar de esos labios color carmesí, naturales y seductores. No sé si fue mi imaginación, pero sentí que me respondía, no se apartaba de mí, por el contrario.
—Esta foto será la primera plana de mañana, que salga bien —decía un periodista, sacándome de mi lapsus.
Reaccioné, la aparté y ella salió corriendo.
«¡Niña tonta! Ahora tendré que cubrirte otra vez».
Todos miraban, preguntaban qué había pasado, por qué huía, así que solo comenté:
—Perdonen, mi prometida es algo tímida. Pero cómo podía no besarla si hace mucho no la veía. No crean que beso mal.
Dije en forma de chiste para minorar la tensión, y funcionó, porque todos reían.
—Debo ir a buscarla, en un momento regreso.
—¿Dónde se habrá metido?
Pregunto a uno de los meseros.
—¿Han visto a Linda?, una mujer de traje n***o.
—¿Su prometida? —pregunta el mesero.
—¡La misma! —le digo, volteando los ojos hacia arriba y respirando hondo.
—Salió hacia el jardín, señor…
—¡Muchas gracias!
Me dirijo hacia el jardín y allí está ella. Debo decir que se veía muy linda dando patadas al aire y peleando consigo misma. Lo único que salía de su boca era:
—Ethan es un imbécil, ¿cómo pudo hacerme esto?
«¿En serio se expresó así de mí?, ¿por un beso? Estamos en pleno siglo XXI, ni que fuera la gran cosa».
—Si tanto me odias y soy un imbécil, ¿por qué quieres casarte conmigo? —le pregunto.
Obvio sé la respuesta, pero a decir verdad pensé que se negaría a este matrimonio, que pelearía más. Según mis fuentes, no deja que nadie tome decisiones por ella. ¿No será que me vio y se enamoró? Quizás es como todas y no pueden resistirse a un hombre como yo.
Se voltea y me mira con una mirada que me hace sentir intimidado, cosa que no he sentido nunca con ninguna mujer. «¿Quién se cree que es para mirarme así?».
Me mira como si me quisiera comer… como ida si no me equivoco, diría que con deseo.
—¡Hey, niña, reacciona! —le digo, sacándola de su frenesí.
Sacude su cabeza y se golpea con la palma de la mano. «Esta chica no es normal».
—¡Vaya! En serio estás loca —le digo.
Me sorprende que una mujer con tanto éxito en los negocios y tanta inteligencia se comporte de esa manera. Algo pasa o esta no es lo que dice ser. Y yo pensando que la menor era loca y me tocó a mí la más loca de todas.
Reacciona a mis palabras y me trata de tarado, me señala con el dedo y me reclama por haberla besado, me pregunta con tanta prepotencia:
—¿Quién te crees para besarme?
«¿Quién se cree ella para no hacerlo?, ¿la reina de Inglaterra?».
«Vamos a ver, niña, cómo respondes a mí», digo para mis adentros.
—Te besé porque me provocaron tus labios, además fue una gran presentación —le digo, y ella se sonroja.
Se queda mirándome fijamente como ida otra vez. Me acerco a ella, levanto su rostro con mi mano. Tiene una tez tan blanca, su cutis es tan perfecto, el rostro más hermoso que he visto en mi vida, lástima su carácter de mierda.
—Espera, ¿por qué haces tanto drama? Ni que fuera la gran cosa.
—Para mí sí lo es, esto no debía pasar de esta manera —dice como arrepentida de algo…
Entonces me doy cuenta, su estrés por el beso no se trataba solo por ser besada sin permiso, es porque nunca había sido besada.
¿Cómo puede ser? Con esos labios y ese rostro cualquier hombre se hubiera arrojado a su boca sin siquiera pensarlo; aunque con ese mal carácter ya entiendo por qué.
Eso quiere decir que he sido su primer beso, por eso permaneció inmóvil mientras nos besábamos, no sabía cómo reaccionar.
—Nooo, no te creo, ¿en serio? —le digo sorprendido, refiriéndome a su primer beso.
—No, ¿qué? —pregunta enojada por mi tono de burla involuntario.
Para mí es algo extraño, he salido con tantas chicas que hasta he perdido la cuenta, jamás me topé con alguna que nunca hubiera sido besada.
Me pregunta si tengo payasos en la cara, porque me río al pensar que nunca había estado en una situación tan inocente en mi vida. De repente empieza a insultarme, se refiere a mí como tarado, imbécil, le falta pegarme, otra vez se desató la loca.
Intento sacarla de quicio.
—¿Cómo es que no habías sido besada antes?, ¿por qué este fue tu primer beso?, ¿no es así? —le pregunto.
Se nota que he dado justo en el clavo. Su actitud me lo acaba de confirmar, se nota que siente vergüenza. Ojalá no la sintiera, es algo único. «Lástima que este lobo sea quien te robara tu primer beso, quizás merecías algo mejor, aunque con ese carácter y hasta agradecerme deberías. Total, no es mi problema».
Me río a carcajadas, que vea que no me importa lo que diga o piense. Esto solo es un negocio y debo tenerlo siempre presente.
Me ve con ojos de ira y me dice:
—Mira, tarado, para mí sí lo fue —me dice casi botando humo por los oídos—. Tú lo has dicho, fue mi primer beso, ¿y qué? Tú quizás estarás acostumbrado a besar a cuanto trapero con falda se te atraviesa por el frente.
Frente a esas acusaciones reacciono como por instinto ante sus ofensas y le respondo:
—Traperos como tú.
—¡MIRA, PEDAZO DE ZOQUETE! —me gritó.
¿En serio cree que con sus insultos me va a hacer perder la paciencia? Me río y le digo:
—¿Con esa boca besas a tu futuro esposo?
Se quería morir, todo lo refutaba, se convirtió en una pelea, como si fuéramos niños de cinco años peleando por quién tiene la razón, en este caso, ¿quién besó a quién?
Me hizo mucha gracia verla enojada, terminó recalcándome que no quería tener que ver más nada conmigo…
«¿Quién se cree? Esta chica en verdad me odia».
Pero no me iba a dejar insultar así como así de esta niña malcriada.
Le respondí, la traté de fea, simplona y sin gracia. Muy hermosa, sí, pero se vistió como para ir a la oficina, ni siquiera se peinó bien, por lo menos brillo labial debió usar, pero si esa niña malcriada creía que me va a tratar como se le daba la gana, está muy equivocada, yo no me dejo de nadie…
Terminó tan enojada por lo que le dije que se fue dejándome con la palabra en la boca.
Le reclamé, pero lo único que recibí de ella fue que me sacara la lengua como una niña tonta…
—¿Es en serio? Esta mujer se comporta como niña y se cree la reina de Inglaterra, pero esos humos se los bajo, se los bajo. No pienso dejar que arruine los planes que aún no he ejecutado. Hoy apenas anunciamos nuestro compromiso y ya empiezo a sentir el calor del infierno.