El sol atravesaba las cortinas con una intensidad que parecía tener algo personal contra mí. Mi cabeza palpitaba como si dentro de ella estuviera ocurriendo un concierto de heavy metal. Con un gemido, me cubrí los ojos y me di la vuelta en la cama, pero fue en ese instante cuando los recuerdos de la noche anterior me golpearon como un ladrillo. Lo besé. Otra vez. Había besado a MI JEFE, por SEGUNDA vez. No solo eso, sino que lo había hecho en MI apartamento, después de haberle gritado por entrar sin permiso y de haberlo pellizcado como una maldita loca. —¡Qué desastre! —murmuré, cubriéndome la cara con las manos, como si eso pudiera borrar el recuerdo. Me senté en la cama, sintiendo cómo mi estómago daba un vuelco desagradable. La cerveza nunca había sido una buena aliada para mí, y

