- Señor, no hemos podido ubicar la llamada. El rastreo no funciona. - informó uno de sus hombres. Matías estaba senado tras el escritorio, mientras mantenía el ceño fruncido y la mirada clavada al frente. Daba miedo que el más mínimo sonido lograría que explotara. - Sigan con el rastreo. - ordenó con voz sin sonora. Arrastrando con sus palabras a todos los presentes. - quiero esa información mañana a primera hora. - fue su orden, se puso de pie, arregló el blazer y salió de la oficina en dirección del coche que lo esperaba. Mientras era transportado al su departamento, observaba las frías calles de Inglaterra. Por su mente recorría la vocecilla de aquella niña. Lo retó a ir por ella y no sólo eso, mencionó a uno más al dar sus nombres. - Alexandra y Alexander Mars. - habló en lo ba

