― ¿De verdad piensas contestar? La confusión en el rostro de Sheimy era alarmante. Loren se lo pensó dos veces cuando él le lanzo esa pregunta desde la posición donde se encontraba: entre sus muslos y con el rostro a centímetros de su sexo. Quería decirle que no, que continuará en su trabajo, que ella planeaba gozarlo de lo lindo, pero también sabía que su amiga no la llamaría en esa noche si no existía una razón poderosa de por medio. Loren aguardó hasta que la primera llamada fuera redirigida al buzón de mensajes con la esperanza de que la falta de insistencia por parte de Laura le pudiera servir como termómetro para medir la premura de la situación, pero cuando el teléfono volvió a manifestar la llamada entrante de su amiga, Loren tuvo que hacerse a la idea de interrumpir su idílico m

