Loren no podía negar que el tema en cuestión que presentaba Azazel alentaba ligeramente su espíritu de investigación, pero esos estudios, por más que se presentaran metódicos y estructurados, no dejaban de ser supersticiones y supercherías y eso con ella no iba; además, si por hablar de demonios y de ángeles iba a perder la oportunidad de intimar románticamente con su príncipe, estaba más que claro que el asunto le iba a molestar hasta el cansancio. ― Lo cierto es que aunque se presentan como las dos caras de la moneda ―Azazel comenzó su explicación mientras degustaba una buena lonja de su salmón―, al fin de cuentas son ambas cosas partes de la misma moneda. ― No entiendo ―dijo Loren sin mucho ánimo, pero Azazel pareció no pillar su enfado. ― Déjame te explico ―Azazel aprovechó para rea

