La noche era fría y cerrada aunque no tanto como el dolor que Loren experimentaba. Si se había reservado de tener experiencias amorosas durante toda su vida justamente había sido para evitarse situaciones dolorosas como esa que recién acababa de vivir. No sabía cómo describir lo que sentía pues ninguna sensación se le parecía. Era un poco de mucho: un poco de ira, un poco de rabia, un poco de vergüenza, un poco de odio, un poco de pena, una poca de frustración, un poco de furia, un poco de desánimo, un poco de desdén. Un coctel toxico y dañino que le hacía hervir la sangre en un caldo de malísimas sensaciones. El solo pensar le significaba a Loren un calvario mientras caminaba en aquellas calles oscuras y desiertas en la parte trasera del distrito comercial de la ciudad, donde los depó

