—¿Estás seguro que yo también tengo que ir, Lawrence?— indagó Audrey por enésima vez en lo que iban de viaje. Lawrence lo observó desdeñoso y volvió su atención a Tomás que se encontraba jugando en su regazo. No pensaba responderle y eso solo porque no creía correcto que, delante de su sobrino, él dijera la mitad de lo que se le venía a la mente. De todas formas, no hizo falta. A Lilly también se le estaba acabando la paciencia y por eso, fue ella quien tomó la palabra. —¿Acaso no somos hermanos de la misma madre?¿Eh?— increpó cruzándose de brazos — Que yo sepa, sí y esa madre nuestra tenía una hermana. Lo cual, ella sería nuestra tía. De modo que, si nuestra tía cumple años, nuestra obligación de sobrinos es ir a saludarla. Por ende… a menos que haya algún truco que no me sepa y tú sol

