Por las palabras de Tomás, Brishen podía darse cuenta de la magnitud del asunto. Sorprendía con qué la simpleza había conseguido conocer la verdad sobre la desaparición de Helena, quien había sido su madrina. También, se sorprendió a sí mismo sintiendo algo similar a la envidia al ver la diferencia que lo separaba de esos mestizos: a ellos, su padre, sí los había reconocido. No como a él, que consiguió sobrevivir gracias a la buena voluntad de personas ajenas a su madre. Saberlo y ser consciente de eso, incomodaba. Necesitaba sacarse a ese niño de encima si lo que quería era no meterse en problemas que no eran de su incumbencia. —¡Oye, calma, chavó! ¡No tienes nada de lo que preocuparte! Los errores de tu tío no saldrán de aquí. Te lo prometo, tu abuelo no se enterará de nada. — inte

