Confianza y verdades.

3118 Palabras
Patrick. Mi sonrisa llega con facilidad a los ojos, la felicidad que estoy experimentando es asombrosa. Lía me está abriendo una pequeña puerta a su vida y tengo que aprovecharla lo más que pueda. Tengo que esforzarme porque sé perfectamente que ella no es fácil de convencer o de conquistar, ella puede estar un día y al siguiente no. Tengo el atrevimiento de decir soy el único que lo ha querido intentar, aunque sea. Y yo, por ella soy capaz de cruzar el océano nadando si es posible. —No te arrepentirás, Cooper—es casi imposible no demostrar mi felicidad. Lo que le saca a ella una pequeña sonrisa. Me levanto para tomar mi bandeja y poder decirles a mis amigos esto. —¿Qué? ¿Ya te vas? —me mira con una ceja arriba. Me paro frente a ella. —Me acabas de decir que tengo que ser creativo.—me acerco un poco para poder tener su rostro cerca—Tengo que ir a planear como ganarme el corazón de Lía Charlotte Cooper—susurro. Le doy un rápido beso en la mejilla para caminar hasta la mesa donde están Charlie y Liam esperándome. Definitivamente sí tengo que ser creativo.  Lía nunca ha dado señal de que le gusto o le parezco guapo, aunque nunca ha dado señal de muchas cosas en su vida. Así que tengo que ganarme su corazón desde cero. —¿Qué te ha dicho? —pregunta Charlie apenas me siento en la mesa. Lo miro sonriendo. —Me ha dicho que tengo permiso de conquistarla.—contesto. —Wow, eso me sorprende.—expresa el castaño frente a mí. Observo a Liam quien me está mirando con una media sonrisa en su rostro. Yo nunca le he ocultado a mi amigo los sentimientos que tengo por su hermana. Él tampoco me ha dicho que se opone, pero, tampoco me dice que le preocupa. —¿Estás seguro, Patrick? —pregunta el de ojos esmeralda luego de un rato.—Ya falta poco para que comencemos la universidad y podrás conocer a muchas chicas ahí. Comprendo de inmediato que hay algo rondando por su cabeza. —No le voy hacer daño, Liam, lo sabes.—lo miro con seguridad. —Ella es mi hermana y no quiero que sufra la separación de la universidad. Pero, tú eres mi mejor amigo y hay algo que me dice que vas a salir perjudicado.—me mira a los ojos.—Lía, ella...—piensa por un momento lo que va a decir hasta que decide cerrar la boca. Son muy pocas las veces que se le ha visto a Lía demostrando amor, solo la he visto cariñosa con su hermano y sus padres. Con sus amigos son contadas. —Ella es un iceberg, lo entiendo.—le sonrío para tranquilizarlo—Pero si es eso lo que te preocupa, yo soy el puto calentamiento global. Mis amigos sonríen y eso me relaja. »—Quiero hacerlo, Liam, pero para lograrlo necesito tu consentimiento, ella es la chica que a mí me gusta, pero tú eres mi mejor amigo, y necesito saber que estás de acuerdo con esto, porque, aunque no lo estés seguiré adelante y no quiero salir mal contigo. Liam suspira para acto seguido darme una sonrisa. —Si le haces daño te voy a romper las bolas con mucho cariño. Si ella te hace algo te apoyaré, pero es mi hermana y siempre va a tener la razón. Y no quiero que nada se ponga incomodo entre nosotros. Ahora mi felicidad si que está completa. Nos damos cinco para luego abrazarnos dándonos unas palmadas en la espalda. Que comience el juego. ********** Lo que resta de tarde he decidido llevar las cosas con calma y por pasos. Como si estuviese cocinando un pastel, pero no cualquiera, uno de esos pasteles de cumpleaños que salen en Cake boss, concentrarme en la mezcla, el sabor, contextura, relleno y hasta en los detalles de la decoración. Me imagino un pastel para Lía que sea Sabor Vainilla, dulce como es ella a la vista. —Chico—el señor taxista me saca de los pensamientos.—Llegamos al destino—informa. Anoche luego que me enteré lo de mi padre me fui con Lía, y mis amigos tenían que entrenar así que me tocó venirme a casa en taxi luego de la escuela. Le pago al señor para bajarme del vehículo, saco las llaves de mi bolso para poder entrar a mi casa. Decido que es mejor dejar lo de Lía a un lado por el momento, ahora mi nerviosismo aumenta por la conversación que debo tener con mis padres. Entro a la casa y a pesar de que tenemos personas de servicio se siente vacía, nunca había sentido mi hogar de esta forma. Doy un vistazo a la sala de estar y a los despachos para encontrar a mis padres en la cocina. Entro en silencio El primero en darse cuenta de mi presencia es mi papá quién se levanta de la silla. Mi mamá voltea el rostro para después levantarse de la silla y caminar abrazarme. Le correspondo el abrazo mientras observo como la cara de preocupación de mi papá se relaja. Los amo mucho y supongo que tienen una buena explicación. —Hijo, perdón—murmura mamá en mi oído. Mis brazos se aferran más a ella. Acepto que soy un niño que aún necesita a su mamá, pero lo que más necesito es que ella esté bien. —Ven, Patrick—habla mi padre—siéntate. Señala la mesa de vidrio para tomar asiento. Le hago caso mientras que él sale de la cocina y regresa al rato con la carpeta que he encontrado ayer en el despacho de mi mamá. —Cuando mataron a tu papá—empieza hablar mamá extendiéndome la carpeta.—Estábamos juntos, sí fuimos novios y teníamos una relación bastante estable y bonita—sus ojos se llenan de lágrimas. »—Pero un día—continua—Un hombre muy malo que fue quien mató a tu abuelo me secuestró. Él solo estaba en el lugar y en momento equivocado. Mientras ella habla yo abro la carpeta. Observo varias fotos; Mi mamá y mi padre Patrick, mamá mientras estaba embarazada, Patrick y ella sonriendo felices. Crece un nudo en mi garganta y muerdo mi labio. —¿Por qué no me dijeron antes? —susurro sin quitar mi vista de las cosas frente a mí. Puedo ver recortes de periódicos de hace casi veinte años, efectivamente mi madre y mi tío Ben estuvieron secuestrados durante todo un día. Confirmo las palabras de ella cuando miro un recorte del lugar de la escena. —Teníamos... Teníamos miedo de que culparas a tu mamá por todo esto—esta vez explica Alan—Después de eso a ella le costó mucho recuperarse, y entre todos decidimos no decirte toda la verdad hasta que estuvieses un poco más de edad. No queríamos que la culparas. Arrugo mis cejas mientras leo un artículo sobre el rescate y las razones del secuestro. —¿Tú crees que yo te culparía por esto? —alzo el papel mientras miro a mi mamá a los ojos.—Soy tu hijo y deberías de saber mejor que nadie jamás te culparía por acciones de una persona sin escrúpulos. No fue tu culpa que te secuestraran, ni que le dispararan a mi papá. Con todo lo que estoy leyendo comprendo que mi familia solo eran víctimas de alguien que no conocía los límites de la ambición. Un tipo que a pesar de ser un socio mayoritario en los negocios de hotelería quería más, y para conseguir más asesinó a mi abuelo, secuestro a mi tío y a mi mamá, pero también mató a mi padre biológico. Es obvio que nunca culparía a mi mamá por esto. Mi madre solloza. —Eres tan parecido a él.—absorbe su nariz. —Pero, si es culpa de ustedes haberme ocultado lo feliz que fuiste con él—tomo una de las fotografías donde están sonriendo en alguna fiesta junto a mi madrina América.—Yo tenía derecho de saber esto—mis ojos se llena de lágrimas.—Y me arrebataron está ilusión. Son demasiados sentimientos encontrados. »—Ya que no lo conocí como mínimo necesitaba saber esto.—agrego—También quiero tener estás imágenes en el mueble donde tenemos los recuerdos familiares, con el permiso de Alan claro está. Porque Patrick también fue mi familia, igual que mi tía Paola y sus padres. Con esto último se resbala una lágrima rebelde en mi mejilla derecha. —Patrick quiso mucho a tu mamá, ella fue muy feliz a su lado y es tu padre biológico, obvio que también quiero que esté en el mueble familiar.—me habla Alan. —Gracias—susurro. Veo a mamá llorar, me levanto y camino hasta ella para arrodillarme a su lado y recostar mi cabeza en sus piernas flexionadas en la silla.—Deja de llorar, por favor. No pasa nada.—le hablo bajo.—Alan, quiero que sepas que tú también eres mi papá, y te amo como tal. —Soy tan afortunada por los hijos que tengo. —Los quiero muchísimo—alzo la vista para ver a mis padres.—Un error de su parte no puede borrar todos los cuidados y cariños que me han dado, jamás se me olvidaría lo excelentes padres que son.—les sonrío. Mi madre intensifica su llanto y mi padre nos abraza. No miento, sí tengo un poco de recelo porque me ocultaron esto, pero tampoco puedo olvidar todo lo bueno. Me levanto para poder secarle las lágrimas a mamá, no me gusta verla así. »—¿Puedo ir al cementerio? —les pregunto. —¿Ahora? —mamá arruga sus cejas. Asiento sin decir nada. Ellos se miran para luego asentir. —Vuelve temprano, por favor.—comenta papá. —¿Me prestas tu auto? —le pregunto a Alan.—El mío está sin gasolina. Él confirma para darme una palmada en el hombro. Tomo a mamá de los hombros para darle un beso en la frente y salir de la cocina con una de las fotos en mis manos. Agarro las llaves del auto de papá y me dispongo a salir de la casa. Por alguna extraña sensación que crece en mi pecho no puedo hacer esto solo, mis manos tiemblan en el volante y recorre por mi cuerpo una inquietud sorprendente. Conecto mi celular al Bluetooth del auto para llamar a mis amigos, pero ninguno contesta. Sin perder las esperanzas llamo a la única persona que sé me podría rechazar, pero quiero ir al cementerio, aunque no solo. —¿Aló? —contesta. —¿Aún estás en la escuela? —pregunto. —No, voy camino a casa. ¿Por qué? —trago grueso. —Necesito que me acompañes a un lugar.—prendo el motor del auto. —¿Ahorita? Estoy cansada, ha sido un día largo y... —Por favor, Lía.—tomo la carretera principal a la ciudad. Siento como suspira al otro lado de la línea. —Si es algo sobre quererme conquistar te voy a pegar muy fuerte.—me habla seca. —Te prometo que no es nada de eso—me saca una sonrisa.—Aunque si lo quieres ver cómo nuestra primera cita... —Patrick—reprocha. —Bien, bien, no es nada de eso, lo prometo. Acelero. —Está bien, estoy en mi casa, si no llegas en diez minutos entro y no te acompaño para ninguna parte. Sonrío. —Llego en quince. Lía ríe al otro lado de la línea y cuelga. Solo ese tonto intercambio de palabras con ella ha hecho que mi humor cambie por completo, ¿Cómo hace eso sin tan solo intentarlo? Paso primero por una tienda de retratos y llego a la propiedad de los Cooper en un poco más de dieciséis minutos. Observo cuando Lía guarda su celular y espera a que me estacione bien para poder montarse en el Audi color n***o de papá. —Pareciera que las cosas que te digo tú no las tomas en serio.—me dice apenas está adentro—Te dije diez minutos. Sonrío mientras observo como se coloca el cinturón. —Y yo te dije que en quince. Coloca sus ojos en blanco. —¿Para dónde vamos? —me mira—¿Y por qué sigues con el uniforme? ¿No te sientes incómodo? —No, me gusta, es bastante caliente el abrigo. —¿Es en serio? —sonríe. Es una sonrisa genuina, de esas que salen cuando estás cómodo en un lugar, de esas que no puedes forzar. Solo esa sonrisa causa que las molestias en mi estómago vuelvan. —En serio—confirmo. —No te vi hoy en el entrenamiento—me percato que se está quitando los zapatos para sentarse en poción de indio. —No, tenía que hablar con mis padres.—contesto. —¿Qué tal todo? —me mira. Pero no sé descifrar si es de verdad curiosidad o si solo está preguntando para sacar un tema de conversación. Le cuento lo que mis padres me dijeron. He decidido hacer las cosas bien con Lía y eso incluye abrirle por completo mi corazón, sin mentiras, sin chantajes, sin molestarla y mucho menos sin dobles intenciones. Quiero ser transparente con ella. —Y ahora vamos camino al cementerio porque quiero llevar una foto para la tumba de mi padre. Lía sigue en la misma precisión. —¿Por qué no me dijiste desde un principio que íbamos al cementerio? —pregunta. Me encojo de hombros. —Pensé que no te interesaría acompañarme, así que no te dije. Ella suspira para mirar al frente. —Supongo que si he decidido dejarte entrar tengo que acompañarte a ciertos lugares.—me da una sonrisa de boca cerrada. A los pocos minutos llegamos al destino. Nos bajamos del auto para caminar hasta donde quiero ir. Es primera vez que traigo a alguien a este sitio. Claro está que mis padres, mis hermanas y Ellen han estado aquí conmigo. Pero nunca una persona ajena a la familia. Eso también me causa un poco de nerviosismo. El cementerio es demasiado grande, las tumbas están muy bien cuidadas y tiene bastante seguridad. No ha nevado tan fuerte por lo tanto no está blanco como de costumbre a estas fechas, pero si tiene la hierba verde y mojada. Patrick O'Brien. Siempre te recordaremos como un increíble hijo, hermano, familiar, pero sobre todo doctor. Cuida a tu hijo desde donde estés. Las letras gravadas en el mármol me las sé de memoria, he venido tantas veces que siento esta es la única forma de sentirme cerca de alguien que nunca conocí. Hay varias flores nuevas, y en la parte de arriba tiene una pequeña casita donde están las fotos de mis abuelos, mi tía Paola con sus hijos y esposo, fotos mías pequeño. Y ahora yo le estoy colocando el retrato de él y mamá mientras me coloco en cuclillas. —Hoy me he enterado de todo—susurro a su foto sonriendo con una bata blanca—Y quiero decirte que nunca he tenido tantas ganas de conocerte como hoy—crece un nudo horrible en mi garganta—De verdad lamento mucho que te fueras antes de conocerte. Trago grueso tratando de evitar todo lo que estoy sintiendo. No lo extraño porque no lo conocí, pero muchas veces he deseado que no se hubiese muerto, me encantaría conocerlo, experimentar que tan bien doctor era, saber cosas tan mínimas como si su nombre le gustaba tanto como a mí, saber quién era. Amo a mi papá Alan y estoy muy agradecido con él. Pero, siento que a veces traiciono a Patrick por querer tanto a Alan. Me siento en la grama con las rodillas arriba mojándome todo el trasero y suspiro. Ahora sé que están las fotos completas. —¿Estás bien? —escucho a Lía. Asiento sin quitar la vista de la tumba de papá. Ella se sienta a mi lado colocando una bolsa para no mojarse. —No me puedo quejar por los padres que tengo—susurro—Pero todos a mí alrededor se han encargado de que conozca bien a Patrick, que a veces siento que sí lo conocí. Se queda en silencio. Para nadie es un secreto que Lía es muy mala para consolar. —A mí me hubiese gustado que alguien hablará de mis padres biológicos—murmura. Pero yo logro escucharla perfectamente y esas palabras hacen que la temperatura baje incluso más. —¿Qué?—la miro. Está petrificada y pálida. Cómo si estuviese procesando lo que acaba de decir. Su respiración empieza acelerarse y se puede observar como traga grueso. —Nada—me mira mientras sonríe con nerviosismo. —Te escuché perfectamente. Ella se levanta rápido para empezar a caminar. Yo hago lo mismo, la alcanzo para tomarla por la muñeca y hacer que me mire. —Tengo que irme, ya es tarde y mis padres se van a preocupar.—intenta zafarse. —Lía—la tomo rápidamente por los hombros para evitar que se mueva—Te escuché. Ella cierra los ojos y suspira. Abre los ojos para mirarme, me toma la mano para caminar de nuevo al auto. Como me gusta el roce de su mano, son pequeñas, calientes y suaves, son perfectas. Cuando ya estamos de nuevo en el coche, yo del lado del conductor y ella en el copiloto vuelve a suspirar. —¿Liam no te lo ha dicho, cierto? —su vista está fija en el frente. —¿Qué cosa? —pregunto. Pero ella no habla.—Escucha, si no quieres decirme no hay problema. Pero quiero que sepas que sea lo que sea, y si algún día quieres hablar sobre eso aquí voy a estar. Tomo las llaves para prender el motor, pero ella me detiene con su mano justo cuando estoy a punto de meter las llaves. —Mis padres se mudaron desde Boston porque la familia de mi papá no nos querían ni a Liam, ni a mí—me dice mirándome a los ojos.—Ellos dicen que no somos parte de esa familia, que somos unos bastardos, por el simple hecho de ser adoptados. Las palabras de Lía retumban en mis oídos y se crea un silencio en el auto. —¿Adoptados? —es lo único que sale de mi boca.    
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