Plan "A"

3298 Palabras
Lía. Definitivamente, hare un puto voto de celibato por lo menos hasta que termine la secundaria. Estoy tan enojada con Patrick, por todo, el vídeo, sus estupideces, sus decisiones, esta vez de verdad no lo soporto. Hace mucho tiempo le deje en claro que no quería hablar sobre lo que alguna vez llegamos hacer, fue un error, me deje llevar por esos estúpidos sentimientos que ya dejé enterrados. Al momento que desperté y me vi sola en mi cama supe que eso había sido un error y que nadie debería de enterarse. Tampoco quiero escuchar sus excusas sobre porque simplemente se marchó y no habló conmigo después. Hace rato cuando llegué a su casa quería subir a su habitación y tratar de borrar el vídeo, aunque sea de su computadora, pero la señora Bella me entretuvo hablando y se me olvidó por completo mi objetivo. Tengo que borrarlo lo antes posible para librarme de él, solo que no sé cómo hacerlo. Doy golpes en el volante con las palmas de mi mano con frustración. ¡Estoy muy molesta con Patrick! El sonido de mi celular me llama la atención, miro el identificador para contestar con fastidio. —¿Qué quieres? —contesto con severidad.—¿No te basta con seguir molestándome? Me llamas para... —Lía.—la voz profunda de Patrick hace que guarde silencio de inmediato.—¿Estás muy lejos?—arrugo mis cejas con curiosidad. —No mucho ¿Por qué? —reduzco la velocidad. —¿Podrías por favor llevarme a tu casa? Mi auto se ha quedado sin gasolina y necesito ver a Liam.—su voz. Lo que realmente me está atormentando es su voz profunda, apagada, nada normal en él. Cruzo en la próxima flecha para pisar el acelerador. Por un momento toda la rabia que sentía se esfuma y le abre paso a la preocupación. —Ya voy de regreso a tu casa. —Gracias.—cuelga. Menos mal no iba tan rápido, estaba tan furiosa que no quería pisar mucho el acelerador por mi seguridad, por lo tanto, no estaba tan lejos de su casa. Logro ver a O'Brien sentado en la acera frente a su hogar. Cuando él divisa mi auto se levanta, se sacude y no espera que estaciones bien cuando entra en la camioneta para colocarse el cinturón de seguridad. Vuelvo a mi camino, pero me distrae mucho el hecho que no ha dicho ningún tipo de comentario, está serio y tiene el rostro sombrío, en su regazo descansa una fotografía boca abajo. Lo que más llama mi atención es que lleva sus dedos índice y pulgar al puente de su nariz para suspirar en el proceso. Estoy segura que ha pasado algo. —¿Sucede algo? —pregunto. Pero él guarda silencio. Aprieto fuerte el volante y no digo nada más. El auto está en completo silencio, por lo menos hasta que estamos llegando a la ciudad. —He conseguido una carpeta en el despacho de mi madre... —habla con vacilación—Ella me había dicho que mi padre biológico no fue su novio o algo por el estilo, me dijo que yo había salido de una relación no muy estable.—su voz se apaga. Eso contrae mi pecho. O'Brien no es de los que se le quiebra la voz al hablar o vacila. »—También me habían dicho que a mi padre lo asesinaron en un asalto.—sigue hablando— Pero no es así, todo es mentira. Se supone que él no sabía del embarazo de mamá, pero ya ni siquiera sé que creer. No sé qué decir. Debe ser difícil para él enterarse que todas las cosas que le dijeron de su papá no eran ciertas. »—Ellos, sí tenían una relación que parecía muy estable.—me muestra la fotografía que estaba en su regazo. Prendo la lucecita que está arriba de nuestras cabezas para observar con claridad. En ella sale una Bella Müller mucho más joven e igual de hermosa sonriendo con los ojos brillantes. También está un hombre, con una sonrisa encantadora, una casta barba bien mantenida y los mismos ojos celeste de Patrick. Es una selfie y parecen felices. No cabe duda que Patrick es la viva imagen de su padre biológico. »—Así cómo está vi muchas fotos de muchas fechas distintas. Pero lo peor es que lo mataron por intentar secuestrar a mamá, él solo quería defenderla y se llevó la peor parte del asunto. De todo lo que ha dicho esto es lo que más me sorprende. No sé qué decirle ni cómo reaccionar. De inmediato recuerdo que Patrick es una persona extremadamente agradecido, si en algún momento lo ayudas él te lo va a recompensará. Esta es la oportunidad perfecta. Si lo ayudo, él va a querer agradecerme y yo le pediré que borre el vídeo. ¿Qué hago? No sé cómo hacerlo sentir mejor  Cada vez que yo me siento mal por algo solo quiero comer, tal vez un poco de comida le servirá. Cruzo a la izquierda en una de las calles para ir hasta el KFC más cercano a nosotros. »—¿Qué haces? —me pregunta el chico.—Tu casa es para el otro lado. —No vamos a mí casa.—lo miro por un segundo—Vamos a comer pollo. —¿Por qué? —Porque necesitas sentirte mejor.—es lo único que digo. Entro en el autoservicio de KFC, pido dos porciones de pollo con gaseosa y me estaciono en el aparcamiento. Bajo la pequeña mesita que tiene mi auto para colocar bebidas y comidas, pongo el pollo ahí junto con las bebidas. —No es necesario que hagas esto—mira la comida con desdén.—Solo necesito a Liam y Charlie. Lo miro, pero ignoro por completo su desaprobación. Tomo una pieza de pollo y le doy un mordisco. Lo entiendo, si algo parecido me pasara busco la ayuda de Mike y Nina. Ya hasta se me olvidó la rabia que sentía. Estoy orgullosa de mí, está idea es perfecta. —¿Ya hablaste con tu mamá? —pregunto luego de un rato. —No. —No lo hagas.—lo miro a los ojos. —¿Eso es un consejo? —bebe de su vaso de gaseosa. —Si hablas con ella ahora la puedes herir—le comento con simplicidad. Cómo si estuviésemos hablando de cualquier tema.—Cuando estás enojado o estresado eres capaz de ser muy hiriente con tus palabras. —Claro que no.—arruga sus cejas. —Segundo grado, Rodrigo Peterson, te molestaba por tus pequeñas pecas en la nariz y le dijiste lo mal que olía su aliento frente a toda la escuela.—empiezo a recordar. »—Oliver Steven, —prosigo—creo que décimo grado, te culpó de hacer algo que tú no hiciste, pero aún así te castigaron, le dijiste en su propia cara que Angelina no le prestaría nunca atención. »—Mmm—sigo recordando mientras le meto otro mordisco a mí pollo—Luisa Martínez—esta es la más épica—Primer año de secundaria, le dijiste en pleno pasillo que nunca gustarías de ella, que dejara de molestarte. Y esa vez solo estabas estresado. Le doy una sonrisa de boca cerrada. Está completamente sorprendido. Patrick ha dejado de comer solo para poner toda su atención en mí. »—No hables con tu mamá ahora, estás enojado y puedes herirla. A veces nos olvidamos que los padres también son humanos y que tienen derecho a cometer errores. Termino por completo mi gaseosa. —Tampoco la culpo de nada.—habla bajo.—Solo quiero saber porque no me dijeron la verdad. Eso es lo que de verdad me duele, el engaño. Aun así, necesito pensar bien las cosas. Su celular suena, pero él no contesta, luego le llega un mensaje que simplemente no responde. Se ve tan vulnerable que hace mi corazón se infle de cariño, quiero tomarlo en mis brazos y abrazarlo hasta que se le quiten las dudas, meterlo en una cajita de cristal y que no tenga ningún sentimiento feo, pero no puedo. Es O'Brien, él puede solo con esto. —Vamos a casa y quédate ahí con Liam.—prendo el motor del auto. —Mi papá quiere que vuelva a casa.—susurra. —Quédate en casa, vamos a decirle a mis padres que llamen a los tuyos y así podrás pasar la noche ahí y aclarar un poco tu mente.—retomo el camino a mi casa. —No sabía que eras tan buena consolando.—me da una diminuta sonrisa. Eso me preocupa aún más. Él no da simples sonrisas. —De nada—me encojo de hombros. Salgo del estacionamiento del local para volver a tomar la ruta a mí casa. Por una parte, me siento un tanto tranquila. Cuando Patrick quiera agradecerme por esto le pediré que borre ese vídeo y listo, ahora tengo que esperar que acepte esa condición. Sin embargo, por otra parte, me siento un poco culpable, el hecho que este chico no es de ser callado y tranquilo, creo que lo de su padre si le está afectando. Me siento mal al aprovecharme, pero es la única opción que tengo. Ojalá me disculpe si se llega a enterar de lo que hago. Cuando llegamos a casa Charlie ya está ahí junto con mi hermano. Hablan con mis padres para que llamen a los de Patrick y decirles que él se quedaría aquí. Claro está después de explicarle a ellos porque tomaban esa decisión. Mamá y papá aceptan con gusto y luego de la cena los chicos se encierran en la habitación de Liam. Observo por un momento la puerta de mi hermano. Quisiera saber cómo se encuentra el pelinegro, pero creo que no tengo ni derecho, ni potestad de ir hasta ahí y tocar la puerta para preguntar por él. Total, amigos no somos. —Hija—la voz de mi padre me sobresalta. No lo he escuchado acercarse. —Papá—lo miro. Está en pijamas con una taza de té en la mano. Mi padre siempre toma té antes de dormir, dice que le ayuda a conciliar el sueño mejor. —¿Qué pasa? —me pregunta cuando se coloca frente a mí. —Nada. Solo quería saber si Patrick estaba bien, eso es todo.—le hablo en voz baja. —Solo necesita tiempo, no es fácil enterarse que te han engañado durante toda tu vida.—mi padre mira por un momento la puerta de Liam—Pero, tampoco es fácil ser padre y tomar la decisión de engañar a tu hijo.—vuelve su vista a mí. Siento cómo crece un nudo en mi garganta. Si no es porque Liam y yo recordamos por completo todo lo que pasó con la familia de papá, estoy muy segura ellos no nos hubiesen dicho nada, nos hubiesen guardado ese secreto solo para protegernos. Claro, son cosas distintas, pero lo entiendo. Entonces lo comprendo. —¿Será que lo hicieron por su bien? —pregunto. Papá solo se encoje de hombros. —La única forma que se le oculten tantas cosas a tus hijos es para protegerlo.—me besa la frente para caminar hasta su habitación—Ahora intenta dormir, princesa. Buenas noches, te amo. —Buenas noches, papá. Te amo. Con esto último me da una pequeña sonrisa y entra a su habitación. Papá ha tenido que superar muchas cosas, aunque estoy segura que la más dura ha sido alejarse de su familia y comenzar desde cero por sus hijos y mi mamá. Esa es la razón por la cual quiero volver a Boston, buscar respuesta del porqué fueron así. Una parte de mí quiere poder recompensarlo por eso. Por haber puesto la tranquilidad y seguridad de sus hijos por encima de todo. Esa es la razón por la cual siempre quiero ser la mejor en todo, ser la primera, para que mi padre no se arrepienta de nada. Suspiro para entrar a mi habitación y poder acostarme. Siempre he considerado mi cama lo mejor del mundo y el lugar donde más cómoda y segura me siento, pero ahora solo siento que tiene pica pica. Me causa intranquilidad solo saber que el chico que me encantaba, el más seguro, burlón y risueño este cruzando el pasillo tal vez pasando una mala noche. Pero lo peor es tener esta sensación de no poder hacer nada. ********** A la mañana siguiente siento que no he dormido nada. Anoche he dado tantas vueltas en mi cama, prendí mi portátil e intenté escribir, pero tampoco pude, desde hace tiempo tengo un bloqueo de escritor horrible, y toda esta situación no ayuda.  Tenía una sensación en la boca del estómago que no me dejaba tranquila. A pesar de que pude dormir un poco más porque (por razones obvias) Liam y yo no fuimos hoy al parque, ponerme base y maquillaje es la mejor forma de disimular las ojeras que tengo. Ya bañada y uniformada para ir a la escuela estoy sentada frente al gran espejo con luces que está en mi habitación terminando de retocar el lápiz labial. Escucho como llaman suave a la puerta y arrugo mis cejas. Liam solo entra, mamá toca mientras habla y mi papá toca más fuerte. —Lía—es Patrick. Mi corazón empieza a latir con frenesí, está buscándome, pero ¿Para qué? —Pasa—trato de sonar normal mientras me coloco base de pestañas. —Buenos días—el chico seguro ha vuelto.—¿Me podrías dar un poco de maquillaje? Me paralizo y sorprendo cuando lo escucho, me volteo drásticamente —¿Maquillaje? —pregunto. Cuando lo observo bien, comprendo porque me lo ha pedido.—Oh Tiene los ojos un poco pequeños, su rostro algo hinchado y las ojeras marcadas. Es muy claro que tampoco durmió mucho anoche. —Solo necesito base y polvo, por favor.—camina hasta la mesa donde estoy sentada. Él también ya tiene el uniforme puesto, supongo que es de Liam o Charlie porque anoche no trajo consigo algún bolso. —Ven—me levanto de la sillita para sentarlo a él.—No dejo que nadie toque mis cosas y menos el maquillaje o ropa—me posiciono frente a él para colocar base en mi muñeca y aplicársela.—Pero te la voy a poner yo, trataré que se vea natural. Aplico alrededor de sus ojos el líquido espeso. Él mira para el techo y yo me acerco para untárselo y que se vea natural. Su cabello está mojado y me tengo que acercar tanto a él que me percato del olor de jabón de avena y crema de dientes. Puedo jurar que mi corazón ha empezado a latir a un ritmo casi inhumano, creo que esto ha sido mala idea. Su mirada baja a mis ojos y siento como todo en el mundo se paraliza y estamos dentro de un estúpido libro, pero de esos clichés románticos. No nos estamos tocando en absoluto, él tiene las manos en su regazo y yo apenas y le acaricio el rostro, pero puedo jurar hay millones de fuegos artificiales explotando a nuestro alrededor. Cómo si la orquesta del Titanic hubiese salido de la película y estuviesen al otro lado de la habitación tocando para nosotros. Ahora comprendo lo que Patrick me hace sentir. No estamos ni siquiera en una situación romántica y me tiene nerviosa. Él traga grueso, pero trata de ocultarlo sin ningún éxito. ¿Estará nervioso? En un momento que parece eterno termino de acomodar la base, tomo del polvo y se lo extiendo para darle una mejor visión. Me alejo con las piernas temblorosas para observarlo, se ve un poco mejor Él se mira al espejo y sonríe. —Wow, gracias. Me veo menos miserable ahora. Se levanta para salir de la habitación. Así sin más, sin decir alguna otra palabra, prácticamente ha salido corriendo. Sacudo mi cabeza, respiro profundo y guardo en el bolso el poco maquillaje que necesito, desconecto mi celular del cargador para bajar a el comedor donde está mi familia junto con Charlie y Patrick desayunando cereal. —Buenos días, princesa—mi padre me sonríe. —Buenos días—sonrío dejando mi mochila en la encimera de la cocina. —Buenos días, mi amor.—mi madre quien está con una taza de café me da un beso. —Buenos días.—les sonrío sentándome a un lado de Liam —Buenos días por la mañana, hermanito hermoso.—le lanzo un beso al aire a Liam. Él se queda con la cuchara a mitad del camino entre la taza y su boca para acto seguido soltar una carcajada. —No te queda el papel de persona tierna.—expresa con la boca llena. —Aunque sea lo he intentado. Extiendo mis brazos para agarrar una taza de café, pero mi madre me da un manotazo incluso antes de tener la taza en mis manos. —No más café para ti—me regaña. —¿Qué? ¿Por qué? —pregunto confundida. No puedo estar sin café es como mi gasolina de las mañanas. Sin café yo estoy de tan mal humor. —Eres demasiado joven para ser adicta a la cafeína, Lía—se explica mi madre. ¿Adicta? Claro que no. Estoy muy segura que mi rostro es un puto meme, todos los hombres a mí alrededor están muertos de la risa. —Pero, mamá... —Mamá, nada—me mira con severidad. —¡Papá! —intento buscar ayuda en mi padre. Él solo alza sus manos en forma de rendición. —Ella es la que manda en esta casa. Abro mi boca y miro a Liam quien está comiendo en silencio. —A mí ni me mires—me habla mi hermano.—Yo solo soy un huésped en este hogar. —He hecho un voto de celibato y ahora me quitan el café...—murmuro para mí misma. Pero, todos en la mesa me han escuchado. —¿Has hecho un voto de celibato? —me pregunta Patrick soltando una risita. —Esta va a ser la mejor noticia de esta semana en la escuela— sonríe Charlie. Yo solo pongo mis ojos en blanco. —¡Eso es genial! —exclama Liam—Ningún idiota va a querer llevarte a la cama. —¡Así es! —mi padre le da cinco a Liam—Siempre defendiendo a tu hermana.—sé que papá esta alegre porque ellos ni se imaginan como soy en realidad. —¿Defendiendo? —digo con sarcasmo.— Él hace apuestas con el equipo de fútbol para ver quién me va a pedir cita este fin de semana.—miento. —¿Qué? —mi mamá fulmina a Liam con la mirada. Yo sonrío con malicia. —¡Mentira, mamá! —se defiende Liam—¡Lía, dile que es mentiras! Yo carcajeo. Me encanta hacer que regañen a Liam por mí. —Lía—mamá me mira. Yo me encojo de hombros con inocencia. —Chicos—mi hermano les habla a sus amigos.—Digan algo, ustedes saben que no es cierto. Charlie está partiéndose de risa. Mientras que Patrick solo está sonriendo. Me doy cuenta que no está bien. Normalmente estaría diciendo algún comentario para hacer quedar peor a Liam o igual de ahogado que Charlie, pero no, solo está ahí, sonriendo. Pero lo que más me sorprende es saber lo mucho que conozco al pelinegro. Sí, lo hago, y no lo supe hasta ahora.
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