–Nunca quieres escucharme – tape mis oídos con mis manos, no quería escucharla, no ahora –eres una terca – quería que se fuera, que me dejara sola, no quería escuchar sus reproches. Hoy no quería... –Déjame, sólo cállate–grité muy fuerte. –Vez no te gusta escuchar que te digan la verdad. –Cállate, déjame, vete, quiero estar sola, no quiero escucharte – grité, por qué seguía escuchándola, comencé a cantar para tratar de no escucharla. ¨Ven, llévame del dolor, que esta oscuro y no oigo tu voz, sólo quiero respirar que la noche me va a matar. Dame un beso, algo que me haga al fin regresar y llorar en tus brazos al final, que aún hay tiempo para escapar. ¨ Me quede allí tirada en el piso sin saber que hacer, sólo quería que me dejara de dolor. Sentí unos brazos sostenerme, me levantaban

