Jamás había estado tan desesperado en mi vida, corrí como si la vida se me fuera en ello. Ni siquiera alcance a escuchar las siguientes palabras de Lorena, simplemente le pedí al capitán que nos devolviera a tierra firme y lo hizo en tiempo récord. Mientras el yate avanzaba a una velocidad que jamás había visto, llame a mis hombres para que buscarán a mi pequeña y que tuvieran un coche listo para mi al llegar. Lo hueno, es que no estábamos tan lejos del puerto, así que unos veinte minutos más tarde ya estábamos tocando tierra firme y yo saliendo desesperado a buscarla. - ¿¡Dónde está!? - Le pregunte al encargado de seguridad. - En el hospital central señor - me dice y yo asiento, me subo al coche rápidamente sin antes escuchar a Lucas a mi espalda. - ¡Te seguimos! - grita y yo s

