AMANDA Siento como mi cuerpo se siente laxo, tan relajado que no me quiero mover, quiero seguir durmiendo y recostada por un día más. Deseo seguir en la misma posición en la que estoy, pero ciertas manos recorriendo mi cuerpo me lo impiden y me hacen sonreír como estúpida - Pequeña, hay que tomar desayuno - suelta la voz ronca y sexy de Samuel en mi oído. - No quiero - me quejo como niña pequeña y escondo mi rostro todavía más en las almohadas. Escucho como mi semental se ríe haciendo que las mariposas en mi vientre revoloteen. - Debes comer, es tarde - suelta y yo niego con la cabeza. - No, más tarde comeré - insisto con mi decisión, pero unas manos traviesas me quitan la sábana de encima y me azotan el trasero, haciendo que salte y chille en mi lugar. - ¿¡Pero que haces!? ¡M

