El camino hacia la casa del amigo se Samuel se hizo en completo silencio. Yo no tenía nada que decir, mas que sentir vergüenza por el glorioso despertar que le di a quien es mi chófer el día de hoy y con el que ahora, compartía un coche como si nada. Varias veces abrí mi boca para decir algo, pero al momento me arrepentía y la terminaba cerrando. No se si Samuel se dio cuenta de aquello o no, pero si lo hizo, se hizo el loco. Unos minutos más tarde veo como vamos llegando a una muy linda zona, bastante residencial y con personas de mucho dinero. ¿Por qué digo lo último? Pues las casas o más bien, mansiones del lugar no son algo que adquiriría yo, aunque trabajará toda mi vida para comprar algo así, ya que claramente escapa de mi presupuesto hoy y siempre. Llegamos a la enorme ent

