38 Cuando Emma llegó al final del día, estaba exhausta. Después de que Aiden se había ido, se había puesto de pésimo humor. Sólo el trabajo había conseguido distraerla lo suficiente como para no pensar en su marido. Durante todo el viaje en limusina hasta Seattle, Emma había trabajado en el ordenador proyectando la cocina de Slade, en base a sus exigencias y a la documentación que le había proporcionado con los planos. Se había ocupado mucho y no había permitido a las emociones distraerla de su trabajo. En ese momento, Slade era su cliente y ella tenía que satisfacer sus expectativas como cualquier profesional. Para su sorpresa, Slade la felicitó por su talento para valorizar cada espacio. Era la primera vez que recibía un halago de alguien que fuera más que un simple cliente y eso

