28 Habían pasado casi cuatro días desde esa agresión, pero Ethan continuaba durmiendo en la cama de Abigail. Cada vez que intentaba volver a su habitación, ella lo seguía diciendo que había tenido una pesadilla o que había visto una sombra fuera de la ventana. Al final, por cansancio, Ethan había cedido y ahora se había vuelto una costumbre dormir con ella. Se había preocupado en no enviarle mensajes que pudieran ser malinterpretados, pero además del beso en la boca que Abigail le daba cada noche mientras se deseaban las buenas noches, no había cambiado nada entre ellos. Durante el día la muchacha era siempre igual, se dividía entre el trabajo, los experimentos en cocina y la literatura de alguna novela o revista. Se había ofrecido incluso a preparar una merienda para todos los amigos

