El príncipe Kest despertó bastante desanimado. Su cargo de conciencia era tal que apenas y pudo dormir toda la noche. Hoy era el día en que su primo Cameron quien hasta el momento continuaba sintiendo una curiosidad enfermiza, moriría en un “accidente” con Aslan, la bestia ancestral lobo. Y no solo ellos, todos los que irían a ese viaje también morirían. De tan solo pensar el montón de sacrificios que harían para que él pudiera sentarse en el trono, le resultaba grotesco a estas alturas del juego, puesto que, desde su perspectiva morir de esa forma, bajo un accidente orquestado y premeditado, no era digno, sin embargo así era como tenía que suceder todo... Sentado en su cama, Kest pensaba que no deseaba levantarse, para ese momento él debía estar listo para partir, su carruaje se encontra

