Manuel Veo a Amelia caminar hasta mi, si antes pensaba que era perfecta, pues ahora no tengo palabras. La observo del brazo de su padre y todo dentro de mi tiembla. Tiembla de emoción, de amor, de felicidad. Es como si por fin aquel vacío que he sentido toda mi vida este comenzando a completarse, de a poco, lento, pero en el proceso. Nunca creí que me alegraría tanto de oír la marcha nupcial, pero es que parece melodía del cielo con la imagen de mi pronta esposa viniendo hasta mi. Francisco me entrega su mano y yo siento que soy capaz de dar mi vida por esta mujer. Mi mujer. — Amados estamos aquí reunidos para celebrar la unión de Amelia y Manuel Roitz. — comienza a hablar el pastor pero se ve interrumpido por una voz femenina, lo que hace que ambos nos giremos y veamos a ¿Elena? — Lo

