Al cabo de un rato y luego de haber esperado impaciente a que llegue mi hijo, nos decidimos a salir en su búsqueda hasta la casa de Elena, pero para mi fortuna no fue necesario ni montarnos al coche por que ellos estaban llegando. — Hace tres horas que debiste haberlo traído, te he llamado cientos de veces — Oh lo siento, es que estábamos muy ocupados armando la habitación de Andi ¿no es cierto cariño? — ella dirige su mirada a mi peque quién le regala una sonrisa fingida, conoce mi malestar y mi preocupación, así que solo se despide de su abuela y corre a los brazos de Manuel, que observa todo apoyado en la puerta de entrada a poca distancia de donde nos encontramos nosotras. — Pues la próxima vez tienes que avisarme Elena, o no responderé de mi; no puedes volver a hacer eso, estaba pr

