CAPÍTULO TREINTA Y OCHO Mycoples despedazó furiosamente la red Akdon que tenía enredada, incapaz de batir sus alas para liberar sus garras, para estirar su cuello y soplar fuego. Llena de rabia, la despedazo una y otra vez, tratando de respirar o al menos rasguñar a sus controladores. Docenas de soldados del Imperio sujetaban la cuerda arrastrando la red y llevándola a rastras, golpeando, hacia el tablón largo que conducía al barco. Mycoples se raspaba contra la blanca arena de la playa del Imperio, sintiéndose indefensa por primera vez en su vida. El barco del Imperio acechaba amenazante ante sus ojos, y no había nada que ella pudiera hacer al respecto. Mycoples cerró los ojos y vio a Thorgrin, su amo. La única persona en el mundo que se preocupaba por ella. Ella intentó llamarlo, comp

